Alexandra Borchardt
Podemos decir, con un punto de provocación, que el periodismo y la IA generativa están enfrentados entre sí: el periodismo trata de los hechos, mientras que la IA generativa calcula probabilidades. ¿O acaso nos parecería bien que los periodistas completasen los aspectos desconocidos de las historias con cualquier cosa que parezca verosímil? Porque eso es exactamente lo que hace la IA generativa. No obstante, la IA generativa ofrece inmensas oportunidades para mejorar el periodismo, desde su uso en el brainstorming para gestar ideas, preguntas para entrevistas y titulares, a su papel en el periodismo de datos y el análisis documental rápido. También puede ayudar a superar las limitaciones impuestas por formatos y lenguas, pues permite convertir los textos en vídeos, pódcasts y elementos visuales, así como transcribir, traducir, ilustrar y hacer accesible el contenido en formatos de chat. Estas capacidades podrían ayudar a llegar a las personas que, hasta ahora, habían sido desatendidas: audiencias altamente localizadas, personas que carecen de competencias lectoras o de comprensión, o que están impedidas por algún otro motivo, y personas que, simplemente, no están interesadas en «consumir» el periodismo de la manera tradicional. Tal como dice Ezra Eeman, director de Estrategia e Innovación de NPO, la emisora pública neerlandesa: «Con la IA generativa podemos cumplir mejor nuestra misión de servicio público; mejorará la interactividad, la accesibilidad y la creatividad. La IA nos ayuda a llevar una mayor cantidad de nuestro contenido a nuestras audiencias».
Con todo, aunque algunos en el sector ya se han dejado claramente embriagar por las promesas de la IA generativa, esta tecnología plantea unos riesgos considerables para el periodismo. Los dos más importantes son una pérdida de confianza generalizada en la información y la erosión o incluso desaparición de sus modelos de negocio. Como ya se ha mencionado, las «alucinaciones» —el término empleado para referirse a la tendencia de la IA generativa a inventar respuestas basadas en hechos y fuentes falsos— son en realidad una característica constitutiva de esta tecnología y no meros errores fortuitos. Pero el desafío es más profundo. Dado que la IA generativa permite a cualquiera crear cualquier tipo de contenido en cuestión de minutos, incluidas las falsificaciones profundas, el peligro estriba en que el público pueda perder la confianza en todos los contenidos disponibles. En las formaciones de alfabetización mediática ya se aconseja a todos que sean escépticos con respecto al contenido disponible en línea; este sano escepticismo podría tornarse en desconfianza absoluta a medida que la fabricación de contenidos vaya en aumento. Aún es imposible saber si los medios tradicionales asumirán un beneficioso papel de referentes orientativos en estas circunstancias informativas o si todos los medios acabarán siendo considerados como poco fiables en este nuevo contexto.
El auge de las búsquedas generativas se suma a esta calamidad, ya que amenaza con hacer que el periodismo sea cada vez menos visible. Mientras que, en el pasado, las búsquedas de Google arrojaban un conjunto de enlaces, muchos de los cuales remitían a medios fiables, actualmente la IA generativa influye cada vez más en los resultados de las búsquedas. La gente obtiene respuestas directas en forma de texto y ya ni siquiera necesita seguir indagando. No es de extrañar que los directivos de los medios estén aterrorizados. Muchos de ellos están intentando adoptar a toda prisa la IA con el fin de incrementar la eficiencia, lo cual, obviamente, no dará los resultados esperados, ya que lo que realmente se necesita es una inversión aún mayor en periodismo de calidad para mostrar al público las diferencias entre el mero «contenido», por una parte, y el periodismo bien contrastado, exacto y fiable, por otra.
Es necesario un enfoque ético en el uso de la IA por los medios de comunicación. En primer lugar, las organizaciones de medios de comunicación necesitan una estrategia en materia de IA y centrarse en la contribución de la tecnología a la hora de aportar valor como servicio público. Los recursos deben orientarse a lo que es deseable y emplearse en consecuencia, teniendo siempre presente que la IA tiene un coste medioambiental y social considerable. Siempre debe existir la posibilidad de decir «no». Asimismo, las organizaciones deben valerse de su poder e influencia a la hora de adquirir productos, ejercer presión para la adopción de determinadas normas y participar en los debates sobre derechos de autor y protección de datos. ¡Nos jugamos mucho! Es imperativo que todas las empresas examinen periódicamente los productos que utilizan para detectar sesgos y estereotipos a fin de evitar la amplificación de los daños. Por último, hay que tener en cuenta que, en este entorno que evoluciona rápidamente y en el que nuevos productos salen al mercado a diario, resulta peligroso caminar solos. Es esencial participar y promover las colaboraciones dentro de la industria y entre la industria y las empresas tecnológicas con el fin de ir trazando un rumbo responsable.
Sin embargo, no cabe duda de que IA generativa aumentará en gran medida la dependencia de los medios de comunicación con respecto a las grandes empresas tecnológicas. A medida que las empresas tecnológicas vayan integrando herramientas de IA en las aplicaciones que la gente utiliza en su vida cotidiana, las organizaciones de medios de comunicación irán teniendo cada vez menos control sobre prácticas, procesos y productos. Así, podría llegar un momento en que sus directrices éticas tan solo sean un añadido superpuesto a cosas que ya se han decidido desde hace tiempo en otros lugares.
En vista de todo esto, la siguiente hipótesis podría resultar sorprendente: el periodismo del futuro podría parecerse mucho al del pasado, y cabe esperar que sea mejor. Pero parte del periodismo actual desaparecerá. Como siempre ha sido el caso, el periodismo tratará de hechos, sorpresas, relatos y de cómo exigir responsabilidades a los poderosos. Consistirá en construir relaciones estables de lealtad y confianza con el público, proporcionando orientación, dirigiendo los debates y apoyando a las comunidades. En un mundo de contenidos artificiales, lo que las personas de verdad digan, piensen y sientan tendrá un plus de valor. Y nadie mejor que los periodistas para ponerlo de manifiesto. Pero la IA puede ayudar al periodismo a mejorar: a servir a individuos y grupos según sus necesidades y situaciones vitales; a ser más inclusivo, más local y a aprovechar los datos de maneras que antes no eran asequibles. En palabras de Anne Lagercrantz, vicepresidenta ejecutiva de la Televisión Sueca, la IA «cambiará radicalmente el periodismo, pero no, esperemos, nuestro papel en la sociedad. Tenemos que trabajar en la credibilidad del sector de los medios de comunicación. Necesitamos crear lugares seguros para la información». Es seguro concluir que la era de la IA plantea riesgos importantísimos no para el periodismo en sí, sino para sus modelos de negocio.
Este texto se basa en el informe descargable gratuitamente «Trusted Journalism in the Age of Generative AI», publicado por la Unión Europea de Radiodifusión en 2024, investigado y escrito por la Dra. Alexandra Borchardt, Kati Bremme, el Dr. Felix Simon y Olle Zachrison.