Dilyana Slavova – La COVID-19 me ha enseñado a no aplazar mis proyectos personales

El impacto de la pandemia ha vuelto a sacar a la luz las fronteras europeas, a veces incluso las internas a cada país. Cabría imaginar que, como consecuencia, el alcance de la cooperación transnacional entre las regiones y ciudades podría haber disminuido. En realidad, sucedió todo lo contrario.

¿Cómo se vivió el período de confinamiento en Bulgaria? Bueno, para una entusiasta del aire libre como yo, dinámica y energética, resultó difícil. Fueron muchas las restricciones. Tuvimos que quedarnos en casa y solo podíamos salir durante el horario de apertura de los comercios esenciales para comprar alimentos, medicamentos o artículos de uso doméstico. El distanciamiento social de un metro y medio como mínimo era obligatorio dentro y fuera de las tiendas. Era bastante complicado: cada vez que salíamos de Sofía, había que rellenar un formulario indicando el motivo y el lugar de destino. Estábamos obligados a presentar este documento a la policía en caso de que lo requiriese.

La buena noticia es que la población se ha vuelto mucho más autosuficiente y valora más positivamente los alimentos de producción local, los proveedores locales y las cadenas de suministro cortas. Ha aumentado la demanda de alimentos «de la granja a la mesa» y de productos comprados directamente a los cultivadores. Iniciativas de base están fomentando la jardinería y la producción a pequeña escala de hortalizas y hierbas aromáticas.

Los mercados siguieron abiertos al público. Constituyen un lugar tradicional para la venta de alimentos, semillas, plántulas de hortalizas, frutas y hortalizas y flores. Mantenerlos abiertos –bajo estrictas medidas de seguridad– contribuye a mantener una sensación de normalidad y una rutinaria familiar.

En las zonas montañosas los grupos de acción local también fueron muy activos. Para seguir apoyando durante la pandemia la producción local de alimentos, recabaron y compartieron contactos útiles a través de sus páginas web.

En efecto, debido a varias restricciones de viajes y contactos, en mi organización todos tuvimos que cancelar nuestra asistencia a numerosos actos y reuniones presenciales que habitualmente facilitan el emprendimiento de iniciativas cooperativistas y la difusión de resultados. Sin embargo, estas restricciones no frenaron nuestras actividades sino todo lo contrario. Seguimos colaborando eficazmente para que las regiones montañosas sean más fuertes e incluso más resilientes. En algunos casos, adaptamos nuestros planes de trabajo y ahora estamos desarrollando soluciones comunes para ayudar a las regiones y ciudades vulnerables de la UE a afrontar mejor la actual situación de emergencia.

Pusimos en marcha la plataforma Giving a hand para fomentar la solidaridad en las zonas rurales. Promueve la solidaridad en la ciudadanía, conectando a las personas que necesitan ayuda con voluntarios que están dispuestos a «echar una mano». Actualmente, sus actividades se centran en ayudar a las personas vulnerables, discapacitadas y de edad avanzada a hacer sus compras o tareas domésticas (salvo el cuidado personal) y en cuidar a los niños de aquellos padres tienen que trabajar y no encuentran otra solución para atenderles.

En las áreas rurales y montañosas han proliferado otras iniciativas, que ofrecen una visión de la resiliencia y el fuerte sentimiento de asistencia mutua que se están afianzando en nuestras comunidades. Durante esta fase aprendí que no debo aplazar mis proyectos personales. Mantenernos activos nos salva en tiempos difíciles.