Por Jan Dirx

Habida cuenta de que la energía no es una mercancía como cualquier otra, la reforma del mercado de la electricidad de la UE debería basarse en un modelo híbrido que combine las fuerzas del mercado y la gestión dirigida por el Estado.

El Comité Económico y Social Europeo aboga desde hace tiempo por una reforma del mercado de la electricidad de la UE. En la práctica, los riesgos a los que está expuesto este mercado se repercuten en gran medida en los consumidores y las empresas. Tras el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania, los precios de la energía, que ya venían mostrando una tendencia alcista desde 2021, aumentaron con mayor rapidez si cabe. La guerra ha tenido un impacto significativo en el coste de los combustibles fósiles, en particular el gas, que se utiliza para generar un gran cantidad de energía, y estos aumentos de precios se han visto reflejados en las facturas de los consumidores finales.

Esta situación ha dado lugar a una propuesta de la Comisión Europea con el fin de reformar el mercado de la electricidad de la UE. El CESE reconoce que la propuesta de la Comisión prevé algunas medidas importantes, si bien las considera insuficientes,

razón por la cual presenta una serie de propuestas de reforma de mayor alcance. Desde el punto de vista del Comité, el principio clave es que la energía no debe considerarse como un producto de base cualquiera ya que es un componente esencial de nuestro sistema económico y social y, por ende, un elemento fundamental de la prestación de servicios públicos. Así pues, es necesario crear de cara al futuro un marco regulador para la energía que garantice tanto un suministro de energía respetuoso con el medio ambiente, asequible y fiable, como el derecho a la energía. Este marco será un modelo híbrido compuesto por las fuerzas del mercado y una gestión específica dirigida por el Estado, bajo el lema «liberalizar siempre que se pueda y regular cuando sea necesario».

En la propuesta del Comité, la esencia de este modelo es un «mecanismo para la electricidad» instaurado por el gobierno que compre la electricidad a los productores y la venda a los proveedores de hogares, pymes, comunidades ciudadanas de energía y grandes consumidores, así como a otros países, cuando sea posible y conveniente.

El Comité acoge con satisfacción la intención de la Comisión de hacer que el mercado de la electricidad esté más centrado en el consumidor, pero considera que podría haber ido más lejos en este sentido. Por ejemplo, en opinión del CESE, el mercado debe organizarse para garantizar que los consumidores y otros pequeños participantes en el mercado que generen su propia electricidad puedan beneficiarse en la medida de lo posible de la electricidad que ellos mismos produzcan, aunque la viertan a la red. Otra forma más justa de ofrecer esta oportunidad a los pequeños productores es la idea del CESE de crear un «banco de electricidad», algo que puede estudiarse y desarrollarse más a fondo.

Por último, se señala que el mercado de la electricidad está inmerso en un cambio de paradigma, por lo que sin duda tendrá que seguir reformándose en los próximos años.