European Economic
and Social Committee
Maria Demertzis: Un nuevo modelo para el crecimiento en Europa
Con el comienzo del nuevo año, Francia ha asumido la Presidencia del Consejo de la Unión Europea. Se trata desde el principio de una Presidencia ambiciosa en todos los ámbitos, cuya agenda central es la exploración de un nuevo modelo de crecimiento para la Unión Europea. Esto es algo absolutamente esencial en una época de cambios transformadores.
Aunque siempre se necesitarán los ingredientes fundamentales para el crecimiento —educación y capacidades, emprendimiento y financiación—, así como un Estado que funcione y cuyas instituciones sean sólidas, un crecimiento convincente y sostenido requerirá además un triple cambio de mentalidad.
La base para lograr buenos resultados es la cooperación política y no la competencia. Los conceptos de competencia e igualdad de condiciones impulsan la mayor parte de las normas nacionales e internacionales que existen actualmente. Sin embargo, la aparición de gigantes tecnológicos mundiales y la entrada de China en los mercados mundiales hacen que sea muy difícil controlar y mantener las condiciones que garantizan una competencia leal para todos. El concepto de competencia equitativa parte de la base de que todos somos iguales. Pero, aunque sería deseable, lo cierto es que no todos los países son comparables. La búsqueda de unas condiciones de competencia equitativas pasa por alto esa realidad. La cooperación y la coordinación, en cambio, tienen por objeto lograr resultados aceptables para todos. La toma de decisiones debe orientar más su énfasis hacia las maneras de promover.
Por ejemplo, en Europa, la UE tiene mucho más que ganar si coordina internamente sus acciones y aspira a hablar con una sola voz hacia el exterior. La respuesta decisiva, rápida y lúcida de la UE durante la crisis pandémica —especialmente si se la compara con la actuación en la crisis financiera— puso de manifiesto lo eficaz que puede resultar la cooperación para lograr buenos resultados.
Ecologización, no blanqueo ecológico La UE ha fijado lo que sin duda, y con buenos motivos, son unos objetivos increíblemente ambiciosos para su política climática. Sin embargo, debe superar enormes problemas, entre ellos el de su propia sinceridad a la hora de pasar de las palabras a los hechos. En ese sentido, la taxonomía recientemente presentada que define exactamente lo que se consideran inversiones ecológicas es un ejemplo de instrumento muy importante pero susceptible de ser cuestionado. Del mismo modo, el Banco Central Europeo, un agente importante en este ámbito, ha situado acertadamente entre sus objetivos principales la ecologización de la política monetaria. Sin embargo, carece de los instrumentos necesarios para conseguirlo, y no está en absoluto en condiciones de asumir el coste de fracasar en sus objetivos climáticos sin perjudicar al resto de sus objetivos financieros. Por otra parte, aunque la UE va por buen camino en la ecologización de su producción, dista mucho de ecologizar su consumo. La pretensión de gravar las importaciones contaminantes, una medida cuya aplicación parece bastante probable, es un buen intento en este sentido, pero habrá que asegurarse de que no frene el acceso de los países más pobres al mercado de la UE. La UE deberá mantener un equilibrio muy delicado, habida cuenta de que los incentivos al blanqueo ecológico resultan evidentes.
La hora de las alianzas entre «no afines» Con demasiada frecuencia escuchamos que para afrontar los problemas mundiales debemos establecer alianzas estratégicas entre afines. Movida —de manera en cierto modo comprensible— por el deseo de avanzar, Europa se siente impulsada a hablar con quienes piensan y hablan igual que ella. El argumento es que ello le proporcionará un mayor peso y, por lo tanto, un mayor poder de negociación para lidiar con los no afines. Sin embargo, para resolver los problemas mundiales las alianzas estratégicas parciales que alcancen un acuerdo deben después comunicar dicho acuerdo a «la otra parte». Y a los que están fuera de esas alianzas no les gusta recibir propuestas planteadas como un «lo tomas o lo dejas». En lo que respecta a bienes públicos mundiales como el clima, todos deberían participar en las negociaciones y contribuir de manera acorde con su capacidad. Para lograr avances sostenibles es de la máxima importancia colaborar con partes no afines.
Es necesario cambiar ligeramente de enfoque tanto para resolver los problemas mundiales como los internos. Ya no nos podemos permitir la «competencia perfecta», las buenas intenciones ni el diálogo limitado únicamente a quienes piensan como nosotros. Confiemos en que en 2022 hagamos un esfuerzo adicional en ese sentido.
Maria Demertzis, directora adjunta de Bruegel