European Economic
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Día Internacional de la Mujer: por qué sigue siendo necesario
por Maria Nikolopoulou, miembro del Grupo de Trabajadores del CESE
¿Tiene sentido hoy en día celebrar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer? Han pasado más de 110 años desde que Clara Zetkin propuso instituir el «Día Internacional de la Mujer Trabajadora», y más de cuarenta desde que las Naciones Unidas proclamaran el Día Internacional de la Mujer. Las sociedades han evolucionado durante el siglo pasado.
Las mujeres pueden votar, disponer de su propio pasaporte, estudiar, ser primeras ministras, ir a la luna, decidir si se casan o tienen hijos y cuándo; las mujeres y los hombres son iguales ante la ley. Así pues, ¿qué sentido tiene? La cuestión es que, aunque a primera vista todo parezca correcto, siguen subyaciendo obstáculos sociales, culturales y jurídicos que impiden a las mujeres prosperar.
Es una pena que algunas personas no sepan ver el potencial de las mujeres y bloqueen su acceso a determinados empleos o puestos de alto nivel. Por eso queremos trabajar juntos hasta alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible n.º 5 sobre la igualdad de género.
Es frustrante que las mujeres sigan soportando la mayor parte de la carga del cuidado de la familia y de las tareas domésticas, aunque trabajen tanto como sus parejas. Por eso luchamos por la promulgación de una Directiva relativa a la conciliación de la vida familiar y la vida profesional.
Es absurdo que las mujeres ganen menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Por esta razón, acogemos favorablemente la idea de una Directiva sobre transparencia salarial de la UE.
No es ético que, pese a que durante la pandemia de COVID-19 hayamos reconocido que algunas de las tareas más esenciales —como la limpieza o el cuidado de los ancianos— eran realizadas por mujeres, muchas de ellas inmigrantes indocumentadas, estas sigan cobrando sueldos miserables y trabajen en ocasiones en condiciones inhumanas. Por este motivo necesitamos una Directiva sobre unos salarios mínimos adecuados en la UE, y que los Estados miembros ratifiquen el Convenio C189 de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos.
Es inaceptable que se pida a algunas mujeres «pagar» un precio «íntimo» si quieren conseguir un ascenso en el trabajo, o que sufran acoso tan solo porque otros necesitan desahogarse. Por eso es más urgente que nunca que los Estados miembros ratifiquen el Convenio C190 de la OIT sobre la violencia y el acoso en el trabajo.
Es indignante que se maten y violen mujeres cada día, y que haya gente que lo justifique diciendo «se lo ha buscado» o «a saber lo que hizo para provocarlo». Por esta razón debemos luchar por que desde muy pequeños los niños y niñas reciban una sólida educación en materia de igualdad y respeto, por unos sistemas judiciales ágiles y por planes sociales de apoyo a las mujeres víctimas de la violencia doméstica.
Sigue siendo de enorme importancia que las mujeres y los hombres feministas se pronuncien, defiendan y presionen para que se produzcan cambios políticos y culturales que permitan lograr la igualdad de oportunidades efectiva para todos. A la espera de que lleguemos a celebrar el «Día Internacional de la Igualdad de Género», sigamos conmemorando el Día Internacional de la Mujer.