La UE ante una encrucijada: la presidencia alemana y la recuperación y reconstrucción de Europa

por el Grupo de Trabajadores

Alemania ha asumido la presidencia del Consejo de la UE en un momento crucial para Europa, con nuestra unión en una encrucijada. Nos enfrentamos a la crisis más brutal que se ha vivido en tiempos de paz en los últimos noventa años, con más de cien mil muertes solo en Europa y enormes sacudidas económicas, por no mencionar la incertidumbre que generan las nuevas oleadas que se avecinan de la pandemia. En estos duros meses de confinamiento, el personal sanitario —al igual que los trabajadores de reparto, supermercados y saneamiento, empleos frecuentemente precarios y mal retribuidos— han sido quienes más esfuerzos han desplegado por mantener en marcha nuestros países.

«Juntos por Europa» es ciertamente un lema que todos podemos respaldar, pero hemos de dar un impulso a los principios de sostenibilidad, justicia, seguridad, valores comunes e innovación. Ahora son más necesarias que nunca las iniciativas concretas en el marco del pilar europeo de los derechos sociales, como el salario mínimo europeo, la aplicación del principio de igualdad de retribución para un mismo trabajo, el desplazamiento de los trabajadores y la transparencia en las condiciones laborales.

En lugar de las medidas de austeridad de la última crisis, que nos abocaron a una espiral de deuda y estancamiento y privaron de recursos a nuestro sistema de atención sanitaria —el precio lo pagamos ahora en vidas—, Europa ha de aportar sólidas medidas comunes en favor de un plan de recuperación y reconstrucción, tanto a corto como a largo plazo. Nos enfrentamos a un desplome del 15 % del PIB, y no podemos seguir como hasta ahora. Ahora que se agudiza la crisis, los Estados miembros no están equipados de igual manera para hacerle frente, y la falta de una respuesta coordinada europea puede llevar al derrumbe social y económico, poniendo en peligro la existencia misma de la UE.

Si la magnitud de la tarea que le espera a la presidencia alemana es gigantesca, también lo son los riesgos de fracasar si los planes de recuperación siguen estancados en el Consejo, si pierden su utilidad como consecuencia de vetos nacionales por el uso de cada euro o si se convierten en «rescates» a la manera de la troika, como los que tanto daño hicieron a la UE hace una década, propiciando la falta de preparación que sufre ahora. Como afirmó el presidente del Grupo de Trabajadores, «cuanto más sólidas sean las medidas de recuperación y mejor se adapten a la situación de los Estados miembros y sus poblaciones, más credibilidad tendrá Europa y más capaz será de hacer frente a los desafíos sin precedentes que plantea esta crisis». Se trata, por lo tanto, de una cuestión de justicia social y de solidaridad, pero también de un baluarte contra cualquier deriva hacia el autoritarismo que las desigualdades y las divisiones sociales puedan alentar en los países de la UE una vez domeñada la emergencia sanitaria».