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Ozlem Yildirim: El reconocimiento del derecho a un medio ambiente sano como un derecho fundamental
Ozlem Yildirim: El reconocimiento del derecho a un medio ambiente sano como un derecho fundamental
Partiendo de la constatación de que la degradación del medio ambiente y el cambio climático tienen un impacto directo e indirecto en una serie de derechos fundamentales (como el derecho a la vida, el derecho a la salud o el derecho a la educación), el CESE ha abordado por primera vez esta interconexión evidente, que corre el riesgo de socavar los progresos realizados en las últimas décadas en materia de desarrollo, salud mundial y reducción de la pobreza.
El documento informativo «La protección del medio ambiente como requisito previo para el respeto de los derechos fundamentales» ha presentado la ocasión de tratar cuestiones esenciales, en particular el derecho a un medio ambiente sano como un derecho fundamental. Como autor de este documento, quiero subrayar que la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) considera la contaminación atmosférica como el mayor riesgo medioambiental para la salud en Europa. Esta contaminación, que pone en grave peligro la salud humana, también conlleva costes económicos considerables, ya que lleva aparejado un aumento de los gastos médicos, una caída de la productividad, en particular debido a la pérdida de días de trabajo, y una disminución de los rendimientos agrícolas. Ante esta situación, nos complace la aparición de un nuevo derecho humano: el derecho a un medio ambiente sano, seguro y sostenible.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aproximadamente 1 200 millones de empleos (el 40 % de los puestos de trabajo del mundo) dependen de la existencia de un medio ambiente sano. Para 2030, el estrés térmico reducirá en un 2 % las horas de trabajo en el mundo, lo que equivale a 72 millones de empleos. La contaminación y la degradación del medio ambiente tendrán una repercusión sobre la productividad de los trabajadores, su salud, sus ingresos y la seguridad alimentaria.
Por eso el documento informativo indica que «la UE debe actuar como socio fiable en la escena internacional reforzando y aplicando legislación que integre un enfoque global de la acción por el clima basado en los derechos humanos a fin de orientar las políticas y medidas de mitigación del cambio climático, protegiendo al mismo tiempo los derechos de todos. En particular, la UE debe ser coherente y prestar más atención a los acuerdos comerciales».
Entre toda la serie de propuestas orientadas a que las acciones de la UE por el clima se centren en los derechos fundamentales, el documento recomienda en particular la adopción de una estrategia interdisciplinar precisa y coordinada, así como la finalización de la adhesión de la UE al CEDH. Por último, el CESE pide que se adopte una legislación europea, conocida como «ley contra las demandas estratégicas contra la participación pública», destinada a combatir el abuso de procedimientos judiciales para reducir al silencio a denunciantes, periodistas, defensores de derechos u otros vigilantes del interés público, de forma que se consiga un nivel de protección elevado y uniforme en toda Europa.
Ozlem Yildirim, miembro del CESE y vicepresidente del Grupo sobre Derechos Fundamentales y Estado de Derecho