Tatjana Babrauskienė: «Si algo ha hecho esta cuarentena es dar tiempo a la gente para recargar y pensar en lo importante que son nuestras relaciones»

Tatjana Babrauskienė es miembro lituana del CESE y del Sindicato de Educación y Ciencia de Lituania. CESE Info le ha pedido que comparta sus reflexiones sobre la COVID-19, desde la perspectiva de su país.

¿Cómo ha vivido el confinamiento?

Ha sido una experiencia única, con grandes dosis de ansiedad y momentos de pánico, ya que los titulares nos hablaban de un virus que se propagaba por todo el mundo como un incendio incontrolado.

Al mismo tiempo, ha sido como vivir a cámara lenta en un mundo donde todo había cambiado de la noche a la mañana, dejándonos una nueva normalidad.

Mi organización se vio inundada de correos electrónicos de afiliados y profesores que se sentían perdidos y necesitaban apoyo. Creamos una página web de información sobre la COVID-19 con recomendaciones, asesoría legal e información útil, y una «página con ideas de educación a distancia», con consejos y herramientas para la enseñanza y el aprendizaje por vía electrónica.

Todo esto nos ha servido de revulsivo, conscientes como eramos de que mucha gente dependía de nosotros.

¿Qué ha echado de menos en estos tiempos difíciles?

Reunirme con amigos y colegas y, sobre todo, con mis seres queridos.

La semana santa, por ejemplo, la pasamos tradicionalmente con toda la familia. Este año pintamos huevos y preparamos los platos típicos, como de costumbre, pero no reinaba un ambiente festivo en las celebraciones.

Afortunadamente se nos permitía salir de casa para dar un paseo o hacer ejercicio, solos o con miembros de la familia, y no hemos escatimado a la hora de aprovechar esta oportunidad. 

¿Qué lecciones cabe extraer del confinamiento?

Durante la cuarentena hemos adoptado nuevas prácticas, dado que todo gravitaba alrededor de internet. Ya veremos si estas prácticas se convierten en una forma asidua de trabajar y comunicarse, y si alterarán la frecuencia y duración de nuestros encuentros con los compañeros de trabajo y los amigos.

El confinamiento también ha supuesto en cierta medida un experimento educativo que ha puesto a prueba el rendimiento de los alumnos con la actividad lectiva en línea, frente a las clases presenciales. Desgraciadamente, también ha crecido la desigualdad, y queda por ver si los colegios podrán volver a la situación previa a la crisis.

Ha quedado demostrado que el cambio digital conlleva un riesgo de discriminación por edad, la difusión de las teorías de conspiración y el aumento de las noticias falsas, ya que la gente trata de encontrar respuestas a las preguntas importantes: ¿qué está ocurriendo aquí, quién es el responsable y cuáles son los motivos de todo ello? Por otra parte, la tecnología permite en la actualidad efectuar un seguimiento de todo el mundo y en todo momento. ¿Cómo puede afectar esto a nuestra vida personal? No deberíamos vernos en la tesitura de tener que elegir entre privacidad y salud.

La buena noticia del confinamiento es que el cese de la actividad humana está influyendo en el cambio climático y que la reducción de las emisiones de carbono y el cambio de actitud en la gente podrían hacer posible una nueva realidad.

¿Qué esperanza hay para quienes ven amenazados sus empleos?

Los trabajadores se han visto afectados de manera desigual por el confinamiento. Aquellos cuyos trabajos no eran esenciales o no podían realizarse desde casa son quienes han afrontado la mayor caída de ingresos y han perdido la mayor parte de los empleos.

La inseguridad laboral y el salario están vinculados a los niveles de formación, por lo que tenemos que reforzar nuestros sistemas educativos y de formación y proporcionar la necesaria recualificación y readaptación profesionales a todos aquellos que lo necesiten. Hemos de cerciorarnos de que salimos de esta crisis más fuertes y mejor preparados de cara al futuro, sea cual sea.

¿Hay alguien a quien le gustaría ver y aún no ha podido hacerlo?

A mis amigos y colegas extranjeros. Aguardo con impaciencia poder encontrarme y trabajar con ellos sin preocuparme por las mascarillas, el distanciamiento social ni los desinfectantes de manos.

Lituania ha hecho una labor estupenda no solo para aplanar la curva sino para, directamente, aplastarla. Nuestra vida social vuelve a la normalidad, o casi. Sin embargo, en algunos países la situación no parece tan estable, y espero que las cosas mejoren pronto para ellos.

Si algo ha hecho esta cuarentena es dar tiempo a la gente para recargar y pensar en lo importante que son nuestras relaciones.