Irini Pari: «La crisis nos ha demostrado una vez más que nuestros futuros están interconectados»

Mientras escribo este testimonio, van abriéndose tímidamente las puertas del confinamiento y comienzan a surgir preguntas: ¿Qué marcas o cicatrices dejará esta epidemia en nuestras economías, nuestras sociedades y nuestras vidas? ¿Hemos aprendido algo? ¿Actuaremos de otra manera?

Como griega, viendo a mi país entrar en una nueva crisis justo cuando empezaba reponerse tras diez años de pesadilla, me sentí angustiada y víctima de una injusticia. Hemos tenido que afrontar esta nueva pandemia con un sistema sanitario debilitado por la crisis anterior. Hoy me enorgullece decir que Grecia ha gestionado con éxito la primera fase de manera rápida y realista. En todas partes se demostró solidaridad y apego al bien común.

Como representantes de los empresarios, nuestra principal preocupación consistió en salvar vidas. Las empresas se movilizaron muy rápidamente e hicieron importantes donaciones para comprar equipos médicos y clínicos. Al mismo tiempo, tuvimos que organizar el trabajo a distancia y garantizar la seguridad de los trabajadores en sus lugares de trabajo, contemplar medidas para salvar empresas y puestos de trabajo, facilitar liquidez, mantener las cadenas de valor y organizarnos para la siguiente fase.

Aunque nuestro gobierno tomó decisiones, sabíamos que nadie puede afrontar en solitario un choque asimétrico como este. ¡Europa es más relevante que nunca! Europa ha respondido –«algo tarde» dirán algunos, pero lo ha hecho–, y podemos estar orgullosos de ser europeos. Considero que esta es, de nuevo, la primera lección a extraer de esta crisis: nuestros futuros están interconectados.

La segunda lección, creo yo, es que no debemos cejar en nuestro empeño una vez dejemos atrás la amenaza del coronavirus, sino que hemos de seguir adelante con la integración europea, en particular teniendo en cuenta la evolución de las relaciones entre China y Estados Unidos. Tenemos que seguir recorriendo la senda prevista y diseñada durante la crisis anterior para lograr una Europa económica, financiera, presupuestaria, ecológica, social y política más profunda. Confío en que esta vez persistiremos en nuestros esfuerzos.

En tercer lugar, antes de esta pandemia, siempre me sorprendió hasta qué punto nuestras sociedades subestimaron, infravaloraron y subinvirtieron en dos ámbitos esenciales de la vida: la sanidad y la enseñanza. Hoy padecemos las consecuencias de todo ello: muchas personas están falleciendo y el populismo va en aumento. Por tanto, hoy resulta más importante que nunca crear una Europa más fuerte en materia sanitaria y educativa.

Como nota más personal, durante esta crisis tuve tiempo de leer algo de filosofía y deseo compartir con ustedes un hermoso concepto. Los antiguos griegos creían en «la armonía del cosmos», la cual basaban en dos valores: αιδώς, a saber el respeto a los demás y a todos los elementos –vegetales, animales y humanos– de nuestro mundo y δίκη, es decir, la justicia. ¡Dejémonos inspirar por este concepto y gestemos este «cosmos» para nosotros mismos!