Por Felipe Medina, miembro del Grupo de Empresarios del CESE

La Unión Europea celebra el trigésimo aniversario del mercado interior único que permite a su ciudadanía estudiar, vivir, comprar y trabajar en cualquier Estado miembro de la UE al garantizar la libre circulación de mercancías, servicios, capitales y personas. No es exagerado decir que el mercado único es la esencia de la Unión Europea, el gran instrumento que ha permitido eliminar fronteras políticas, sociales y económicas para avanzar hacia la ciudadanía e identidad europeas.

Los acontecimientos a los que la Unión Europea —y el mundo entero— se han visto abocados en los últimos años nos invitan a reflexionar sobre la manera de construir un mercado único más resiliente y menos dependiente del exterior. El Comité Económico y Social Europeo aborda este mismo tema en su Dictamen INT/1011 «Treinta años de mercado único: cómo mejorar el funcionamiento del mercado único», aprobado en el pleno de abril.

En las páginas del Dictamen planea una palabra clave para el futuro de la Unión Europea: competitividad. El Dictamen subraya la necesidad de crear condiciones de competencia equitativas para todas las empresas mediante «el fomento del crecimiento y la competencia leal y la creación de un entorno favorable a las empresas y a la atención de los fines sociales». Lo que más preocupa al CESE son los problemas relacionados con las deficiencias del mercado único que afectan a la competitividad y la sostenibilidad de las empresas.

Todos los que participamos en la construcción de la Unión Europea tenemos el deber de concienciar a las nuevas generaciones sobre la importancia de los pasos que ya se han dado para construir lo que hoy tenemos, y también la obligación de advertir de los riesgos que corre el mercado único e intentar marcar algunas pautas para superarlos y seguir avanzando hacia un futuro común más fuerte y consolidado.

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