En esta era de aceleradas transformaciones, hemos sido testigos de lo frágiles que pueden ser nuestras democracias, nuestras sociedades y nuestro planeta. 

Empecé mi presidencia en abril de 2018, pensando que necesitábamos redescubrir el espíritu humanista del Renacimiento para acelerar nuestra marcha en el camino hacia una Europa sostenible. Tras la resaca del referéndum sobre el Brexit, y ante de las elecciones europeas, sabía que la sociedad civil tenía un papel vital que desempeñar en el avance hacia modelos económicos más sostenibles e inteligentes.

Al término de mi mandato este mes, puedo afirmar con conocimiento de causa que Europa ha demostrado una vez más su resiliencia. Los nacionalistas y los euroescépticos han sido derrotados en las elecciones europeas, y es innegable que la pandemia de COVID-19 ha asestado un duro golpe a su falaz discurso. La UE ha tomado medidas sin precedentes y, en unos meses, ha roto tabúes que parecían grabados en piedra, protegiendo a nuestros ciudadanos y comunidades e invirtiendo en una estrategia sólida para el futuro, con un consenso más amplio que nunca.

Hoy estoy cada vez más convencido de que las tres prioridades de mi presidencia —desarrollo sostenible, paz y cultura— siguen constituyendo el núcleo de este Renacimiento para Europa.

Puede que la pandemia haya sido una llamada de atención, pero ya estamos experimentando el cambio climático y más fenómenos metereológicos extremos. El Plan de Recuperación de la UE adoptado a raíz de la pandemia de COVID-19 es una oportunidad única para evitar el apocalipsis y convertir a Europa en líder mundial en materia de sostenibilidad. 

La sociedad civil puede marcar el camino. Fuimos la primera de las instituciones de la UE que escuchó a Greta Thunberg y a los jóvenes activistas climáticos que tomaban las calles para exigir un cambio ahora. En el CESE hemos sido los primeros en poner en marcha modelos de economía circular y desarrollo sostenible. Nuestros electores y nuestros gobiernos locales seguirán estando en primera línea en la aplicación del plan de recuperación tras la pandemia, colaborando para evitar el caos. Estamos ya a las puertas de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, que nos brinda la oportunidad de guiarnos hacia una nueva Europa, juntos. 

En su declaración de hace setenta años, Robert Schuman afirmó que la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. Nunca, en ninguna parte del mundo, en ningún momento de la historia, han experimentado las mujeres y los hombres un período tan largo de paz, estabilidad y prosperidad económica; nunca ha habido tantas garantías de libertades y derechos como ahora en Europa. Pero, como todos sabemos, no podemos dormirnos en los laureles.

Una serie de crisis han puesto a Europa a prueba, y en esta ocasión más que nunca, con una pandemia inesperada y sin precedentes. Pero estoy seguro de que disponemos de suficiente energía y creatividad para salir nuevamente fortalecidos, todos juntos. Ahora es el momento de asumir una vez más el desafío. 

Este hogar de la sociedad civil europea, que hace poco celebró su 60.º aniversario, tiene un papel que desempeñar en un momento en el que hay una renovada capacidad para centrarse en lo que importa de verdad, para abrirse más al cambio y proponer formas de construir Europa mediante «realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho», como dijo Schuman. 

La «rEUnaissance» la llevarán a cabo hombres y mujeres que se atrevan a innovar, a soñar, a implicarse, a arriesgarse y a cultivar un sentido colectivo de responsabilidad, sirviéndose al mismo tiempo de la razón, de un realismo apasionado e ilustrado, en la exploración de nuevos caminos.

Luca Jahier

Presidente del CESE