por el Grupo de Trabajadores del CESE

El informe anual de situación de 2023 publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) no es especialmente alentador: la UE podría incumplir la mayoría de sus objetivos para 2030. En particular, las perspectivas en cuanto a la huella de consumo, los niveles de consumo de energía, la producción circular y la agricultura ecológica son especialmente malas, aunque el resto de ámbitos, desde la biodiversidad hasta la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo, no las mejoran en demasía.

Por su parte, los resultados de la COP28 no suponen un gran alivio. Como mostró el debate enmarcado en el pleno de diciembre del CESE, la sociedad civil está lejos de congratularse de las conclusiones: el texto se queda corto en lo que respecta a la atribución de la responsabilidad y el modo de ejercerla, y contiene más palabras que acciones concretas, pese a que, por primera vez, señala a los combustibles fósiles como la causa profunda del cambio climático. Es improbable que se cumpla el objetivo de limitar el ascenso de la temperatura media mundial a 1,5 º al final del presente siglo: seguramente ese aumento de la temperatura se alcance en los próximos cinco años. El año 2023 fue el más caluroso de la serie histórica: a partir de junio, todos los meses del año superaron los registros máximos de temperatura.

Este sombrío panorama no debe desanimarnos, sino motivarnos: es necesario actuar. No es el momento para unas tímidas buenas intenciones (que ya hemos mostrado en innumerables ocasiones y que nos han llevado donde estamos), ni para un retorno a medidas de austeridad. Los principios de la transición justa, entre ellos la sostenibilidad económica, social y medioambiental, deben impregnar todas y cada una de las políticas de la UE. En ese objetivo se encuadra, en consonancia con el Dictamen del CESE más reciente sobre esta materia, la adopción de una Directiva para una Transición Justa a escala de la UE dirigida al mundo del trabajo: solo si todos remamos en la misma dirección podremos tener éxito en esta ímproba tarea. Si el coste se traslada a los más vulnerables, como ocurre ya con tanta frecuencia, crecerá el populismo de extrema derecha. Ahora, ya ni siquiera esa corriente puede negar los catastróficos efectos del cambio climático, será demasiado tarde.