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Olena Abramovych: en 2023, la lucha en Ucrania debe continuar, incluso tras la victoria
«Nunca perdemos la oportunidad de perder una oportunidad»: esta frase surgió en Ucrania en los años inmediatamente anteriores al estallido de la guerra a gran escala. Expresaba la frustración por la falta de reformas fundamentales tras las revoluciones de 2004 (Naranja) y 2013 (Euromaidán). Naturalmente, ambas trajeron algunos cambios, pero toda gran lucha despierta grandes expectativas que aumentan aún más la decepción cuando los avances son escasos.
¿Qué tenemos que hacer para no perder esta vez la oportunidad de cambiar las cosas?
Creo que nuestra premio Nobel Oleksandra Matviichuk aportó una respuesta creíble a esa pregunta. Oleksandra es una abogada defensora de los derechos humanos y una líder de la sociedad civil, por lo que, naturalmente, hizo hincapié en los derechos humanos en su elocuente discurso como premiada.
Esto puede parecer muy lejano de las necesidades básicas de la gente tal como las describió el cómico ruso Evgenii Petrosyan en su felicitación de Año Nuevo: «Si ha comido usted, se ha bañado y tiene una casa caliente, significa que tiene suerte y ha nacido en Rusia». Sin embargo, los acontecimientos recientes han mostrado que mirar para otro lado ante las violaciones de los derechos humanos —como hicieron los dirigentes europeos para mantener sus hogares calientes y preservar sus economías— puede resultar catastrófico.
«Un Estado que mata periodistas, encarcela activistas o dispersa manifestaciones pacíficas no solo plantea amenazas para sus propios ciudadanos —afirma Matviichuk—. En la toma de decisiones políticas, los derechos humanos deben ser tan importantes como los beneficios económicos o la seguridad. Este enfoque también debe aplicarse en política exterior».
Matviichuk insiste en que es hora de establecer en el mundo un nuevo sistema que tenga en su centro los derechos humanos. Esto no debe solo dejarse en manos de los políticos: la sociedad civil debe participar todo lo posible en este proceso. «Necesitamos un nuevo movimiento humanista basado en valores que eduque a las personas y promueva entre la gente común la defensa de los derechos y libertades», asegura Matviichuk.
Es el momento —y es un buen momento— de llevar a cabo una serie de reformas en la UE y en Ucrania. De pasar a utilizar recursos energéticos más ecológicos sin confiar en que se restablezca el suministro ruso de gas y petróleo. De encontrar la manera de frenar la desinformación y la propaganda rusa y, con la ayuda de la UE, de reformar por fin el sistema de lucha contra la corrupción en Ucrania.
Ahora que la guerra va a entrar en su segundo año hemos de impulsar todos esos cambios. Como hemos visto, tras una guerra o una revolución los cambios no se producen por sí solos: a estas alturas, los ucranianos lo saben muy bien. Esta vez hay enormes expectativas en los corazones no solo de los ucranianos, sino también de los europeos. La lucha por construir un mundo nuevo, sostenible y pacífico tras la victoria es una responsabilidad que todos compartimos. Ni los ucranianos ni los europeos pueden permitirse perder de nuevo esta oportunidad.
Olena Abramovych, corresponsal en Bruselas de la cadena de televisión ucraniana Inter