Michalis Antoniou: La experiencia y el papel de la Federación de Empresarios e Industriales de Chipre durante la pandemia de COVID-19

En su discurso a la nación del 15 de marzo, el presidente de Chipre anunció medidas de prevención que colocaban al país y a gran parte de su economía en estado de confinamiento. El mensaje que transmitió era la inminencia de las graves dificultades económicas y que todos teníamos que prepararnos para el impacto.

Frente a esta crisis sin precedentes, la respuesta de la Federación de Empresarios e Industriales de Chipre (OEB) consistió en suspender todos los servicios no esenciales y centrar sus recursos y su capital humano en ayudar al gobierno y a las empresas a proteger la salud pública y la economía.

En nuestra Federación nos pusimos manos a la obra haciendo de ella el punto de contacto de las empresas desde el primer día. Abrimos una línea telefónica directa los siete días de la semana para ofrecer orientación a las empresas, y emitimos más de 175 circulares en tiempo real, proporcionando información y respondiendo a preguntas acerca de los protocolos de atención sanitaria y los planes que se emprendieron para apoyar a las empresas.

Además, contabilizamos 67 apariciones radiofónicas y 192 televisivas, 52 de ellas en telediarios de máxima audiencia. Durante este período de cuatro meses, nuestro comité ejecutivo se reunió en veintisiete ocasiones (normalmente lo hace unas diez veces al año) y se mantuvieron encuentros con once de los catorce ministros que componen el gabinete.

La comunidad empresarial se unió a los esfuerzos de la OEB ofreciendo una valiosa visión de los problemas a los que se enfrentaba la economía. Nos enorgullece poder decir que participamos directamente en la elaboración de la estrategia de respuesta nacional, ya que nuestras propuestas constituyeron una parte considerable del plan nacional de salida de la COVID-19.

Esta pandemia ha sido dura para todos, sobre todo por la trágica pérdida de vidas humanas. Ha repercutido en nuestras relaciones personales, el empleo y la forma de hacer negocios. Nos ha conmovido tanto la solidaridad que han demostrado las personas y las empresas como lo bien que han acatado las restricciones impuestas.

A pesar de su fuerza destructiva, la COVID-19 nos ha enseñado mucho. Hemos aprendido que el Estado y el sector privado pueden trabajar juntos de manera eficaz en coyunturas delicadas. Hemos aprendido que una firme intervención basada en pruebas científicas sólidas permite cosechar resultados positivos. Y también hemos aprendido a pensar de forma diferente y a adaptar nuestra forma de trabajar, poniendo en primer plano la importancia de una economía digital.

Lamentablemente, nuestra economía no saldrá indemne tras esta crisis. Pero de acuerdo con las experiencias que hemos vivido hasta ahora, si mostramos la misma resolución y firmeza en los próximos meses, podremos dejar atrás la crisis con menos pérdidas de las que podríamos haber sufrido y volver a la normalidad más pronto que tarde.