En su Dictamen, el CESE pide a las instituciones europeas que empiecen a tratar el agua como una prioridad y que desarrollen un «Pacto Azul de la UE»: un esfuerzo radical para anticipar las necesidades, preservar los recursos hídricos y gestionar adecuadamente los retos asociados a través de una hoja de ruta exhaustiva y coordinada.

El agua limpia es uno de nuestros recursos más preciados, crucial para el funcionamiento de los ecosistemas y nuestra sociedad, así como para la actividad socioeconómica. A partir de 2022, cuando una serie de estudios científicos descubrieron por vez primera la presencia de microplásticos en el torrente sanguíneo del ser humano y en la leche materna, dejó de cuestionarse la necesidad de adoptar medidas urgentes y decisivas. Hemos ido demasiado lejos con la contaminación, pero no sabemos cuán lejos, y nuestros conocimientos en la materia siguen siendo rudimentarios.

La propuesta de Directiva sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas es muy constructiva y está bien estructurada. Puede actualizar la normativa de la UE mediante el abordaje de las fuentes restantes de aguas residuales no tratadas y de los nuevos contaminantes, así como la mejora de los aspectos del tratamiento de las aguas residuales relacionados con la energía y la economía circular, en consonancia con el Pacto Verde y la digitalización de Europa.

La propuesta amplía el ámbito de aplicación de la Directiva para cubrir aglomeraciones urbanas de 1 000 equivalentes habitante (e-h), lo que significa que las pequeñas ciudades también deberán recoger y tratar las aguas residuales urbanas y podrán solicitar financiación de la UE para ello.

El CESE apoya firmemente la aplicación del principio de que «quien contamina paga» para garantizar la asequibilidad de los servicios hídricos y para cubrir el coste de eliminar de las aguas residuales los microcontaminantes. Las escorrentías urbanas y los desbordamientos del alcantarillado constituyen puntos críticos para la contaminación, en particular por genes de resistencia a los antimicrobianos, residuos farmacéuticos y sustancias tóxicas que ponen en riesgo la vida acuática y la salud humana, y deben recogerse y tratarse adecuadamente antes de verterse a las aguas receptoras.

En nuestro Dictamen pedimos a las instituciones europeas que aborden las aguas residuales en el marco de una visión más amplia y que empiecen a tratar el agua como una prioridad y desarrollen un «Pacto Azul de la UE»: un esfuerzo radical para anticipar las necesidades, preservar los recursos hídricos y gestionar adecuadamente los retos asociados a través de una hoja de ruta exhaustiva y coordinada, que establezca objetivos ambiciosos y acciones vinculadas a los elementos esenciales previamente acordados.