por el Grupo de Trabajadores

En la actualidad, parafrasear el lema de la campaña de Bill Clinton de 1992 «¡Es la economía, estúpido!», que en aquel momento encontró eco en los votantes estadounidenses afectados por la recesión, resulta más que adecuado. Basta con examinar los resultados de la última encuesta del Eurobarómetro después de las elecciones europeas, que reveló que la inflación y la economía eran los principales temas que animaban a los ciudadanos a votar. 

No, no existe una solución única y las dificultades económicas por sí solas no pueden explicar toda la inestabilidad asociada a las elecciones futuras. Sin embargo, se puede afirmar con seguridad que el aumento de los precios, el coste de la vida y la situación económica fueron las principales motivaciones de los votantes en la UE la primavera pasada y del otro lado del Atlántico hace unas semanas. No fue ninguna sorpresa, ya que era la principal preocupación de la ciudadanía (seguida de la pobreza y la exclusión social) a principios de 2023. Aunque los indicadores macroeconómicos parecen tranquilizar a los responsables políticos, el impacto directo de la inflación en bienes esenciales, como los alimentos y la energía, sigue siendo enorme y afecta de manera desproporcionada a aquellos que dedican una gran parte de sus ingresos a cubrir estas necesidades. Todo esto se suma a la recuperación tras la pandemia y a la catastrófica respuesta política que se dio, que ha hecho que muchos países todavía estén lidiando con las consecuencias de la crisis de 2008.

Desde hace décadas, los salarios se han disociado del crecimiento de la productividad, lo que ha eliminado las perspectivas de un futuro mejor para muchas personas de las clases medias y trabajadoras de Europa. El extremismo político y las turbulencias electorales no van a desaparecer.

Abordar la crisis del coste de la vida es fundamental para el futuro de Europa, ya que esta crisis pone de relieve problemas estructurales de nuestras sociedades y economías, a la vez que cuestiona los principios que sustentan el tejido social de nuestras democracias.

El 26 de noviembre, el Grupo de Trabajadores se reunió con varias partes interesadas para debatir este asunto; les invitamos a que vuelvan a este debate y se unan a nosotros para pedir a los responsables políticos que abandonen las palabras huecas, reduzcan su propio déficit de capacidades y se centren en lo que de verdad importa.