Las medidas para hacer frente al brusco aumento de los precios de la energía deben ser específicas para cada país e impulsar la transición ecológica

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Ahora que la guerra en Ucrania ha vuelto a poner de relieve el tema del abastecimiento energético de la UE, el Comité Económico y Social Europeo (CESE) afirma que son necesarias medidas coordinadas para hacer frente a la actual crisis de los precios de la energía, pero que las mismas no deben socavar los esfuerzos en materia de política climática. Además de una respuesta de emergencia destinada a evitar graves consecuencias sociales, la Unión debe supervisar de cerca el mercado de la energía e intensificar las inversiones en energías renovables.

Las medidas para hacer frente al aumento de los precios de la energía deben coordinarse y ofrecer a cada Estado miembro suficiente margen para responder de la manera que mejor se adapte a la situación de su país. En el Dictamen aprobado en el pleno de febrero y elaborado por Thomas Kattnig, Alena Mastantuono y Lutz Ribbe, el mensaje es claro: los más afectados por las subidas de precios deben recibir sin duda una ayuda financiera directa y también se les debe ayudar a reducir su consumo de energía. Al mismo tiempo, también deben poder participar en la generación y el uso de energías renovables individualmente o en comunidades y, de este modo, beneficiarse de fuentes de energía de bajas emisiones y de emisiones cero a bajo precio.

Para evitar consecuencias sociales drásticas, el CESE respalda la adopción de medidas de emergencia, pero también ha presentado propuestas para abordar la cuestión desde una perspectiva a largo plazo. El Sr. Kattnig declaró en su intervención durante el debate: El apoyo financiero directo y los instrumentos fiscales son las medidas más eficaces e inmediatas de que disponemos para ayudar a las personas vulnerables y deben ir acompañadas de soluciones específicas a nivel nacional en respuesta a las condiciones reales de cada país, como impedir la desconexión del suministro de energía durante los meses de invierno, ofrecer planes a plazos de larga duración y utilizar distintos instrumentos de política tributaria.

A qué se debe el brusco aumento de los precios de la energía

El motivo de los precios excepcionalmente elevados de la energía desde el pasado otoño es el fuerte aumento mundial de la demanda de gas, debido a una serie de factores clave: la intensificación de la recuperación económica, las restricciones en el suministro a la UE, la falta de inversión a causa de la política de austeridad tras la crisis de los mercados financieros y la economía, así como las malas condiciones meteorológicas que han causado una reducción de la producción de energía de fuentes renovables. En ciertos casos la especulación y el ánimo de lucro y, en particular, los niveles de suministro han derivado en el vaciado de las instalaciones de almacenamiento de gas. El gas almacenado en Europa —propiedad en parte de entidades como Gazprom— ha descendido hasta mínimos históricos.

Por lo tanto, la actual crisis de los precios de la energía está afectando con tanta intensidad a los particulares y las empresas de Europa porque la UE depende en gran medida de las importaciones de combustibles fósiles. Esto, como ha afirmado el CESE en numerosas ocasiones, supone una amenaza para la seguridad del abastecimiento de Europa: Rusia aprovecha esta dependencia con fines geopolíticos y, como consecuencia, las empresas y los consumidores europeos sufren.

De hecho, los precios actuales son consecuencia de la disminución del gas almacenado y de que se ha subestimado la dolorosa dependencia de las importaciones de energía de Rusia, empleadas como arma contra la UE.

La independencia energética como clave para mantener la estabilidad y la seguridad del abastecimiento

Debe reducirse lo antes posible la dependencia de la UE de las importaciones, como ha puesto de relieve la invasión rusa de Ucrania. Ante la situación, la Comisión Europea publicó el 8 de marzo de 2022 una Comunicación sobre una Acción europea conjunta para una energía más asequible, segura y sostenible, en la que presentaba un plan para que la UE deje de depender de los combustibles fósiles rusos, empezando por el gas, mucho antes de 2030.

Ese año es el plazo para alcanzar los objetivos climáticos a los que la UE se ha comprometido en la transición energética, con la meta última de una economía climáticamente neutra de aquí a 2050. Esto requerirá enormes inversiones, pero también la adaptación de todo el ecosistema energético.

Al mismo tiempo, la política energética europea va muy por detrás de las ambiciones que se ha marcado: aunque la Comisión define la independencia energética como uno de los objetivos estratégicos de la Unión de la Energía, junto con otros como el de situar al consumidor en el centro del sistema energético, los Estados miembros todavía no han conseguido avanzar en este sentido.

Un mercado de la energía más eficiente

Otro aspecto tiene que ver con el mercado de la energía: su diseño actual parece presentar deficiencias para reaccionar a la volatilidad de los precios y ofrecer beneficios a los pequeños productores de energía renovable y a todos los consumidores. El Comité apoya firmemente evaluaciones del mercado que analicen el comportamiento de los agentes en el mercado de la energía, en relación con los valores compartidos de la UE en materia de servicios de interés económico general, tal como se definen en el artículo 14 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), por lo que pide a la Comisión que presente una propuesta que dé una respuesta eficaz a los problemas y se ajuste a la transición ecológica.

El mercado interior de la energía debe completarse en términos de entorno del mercado, instituciones, normas reglamentarias y conectividad entre los Estados miembros. También tenemos que dar más espacio a las personas para que desempeñen un papel en la transición sostenible y motivarlas para que produzcan la energía que necesitan, añadió la Sra. Mastantuono.

Además, los reguladores nacionales deben desempeñar un papel activo a la hora de dar respuesta a las preocupaciones de todo tipo de los consumidores, por ejemplo informándoles de modo proactivo sobre sus derechos en la esta fase complicada de precios elevados. Hay que adoptar nuevas normas, más precisas y estrictas, para las empresas de suministro energético que ofrecen productos a los consumidores finales. Los proveedores deberían ser capaces de hacer frente a las fluctuaciones de precios del mercado y no tener que rescindir inmediatamente los contratos con los consumidores. Igualmente, a la hora de fijar las tarifas, se debe pedir a los proveedores de energía que garanticen que los consumidores sigan disponiendo de tarifas estables y puedan así optar por ellas en lugar de por las llamadas tarifas «variables», que reflejan la evolución en los mercados de negociación.

Más inversiones en energías renovables

En conclusión, la movilización de las inversiones en energías renovables es la mejor manera de sustituir los combustibles fósiles contaminantes y reducir nuestra dependencia. Sin embargo, seguirán siendo necesarias fuentes de energía de transición estables para hacer frente a la creciente demanda de electrificación, que generalmente se considera el motor para que Europa cumpla sus objetivos de descarbonización.

Por lo tanto, es fundamental aumentar las inversiones en fuentes de energía sostenibles de cero emisiones y de bajas emisiones de carbono y maximizar los esfuerzos para aumentar la cuota de energías renovables. Esto podría suponer una bajada de los precios y, sin duda, aumentaría la autonomía energética de la UE, reduciendo su dependencia de regímenes hostiles.

Más concretamente, debe modernizarse el sistema de red de transmisión mediante la ampliación de los interconectores y una infraestructura de almacenamiento mejor desarrollada. Son necesarios incentivos para motivar a los hogares y las empresas para que adquieran productos y tecnologías de ahorro de energía, y para que produzcan energía por sí mismos. La asistencia directa a las personas necesitadas debe ser específica y no general. Debe reflejar la dimensión social y no obstaculizar la transformación ecológica, concluyó el Sr. Ribbe.

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