El Comité Económico y Social Europeo (CESE) insta a la UE a aplicar una estrategia industrial sólida que refuerce la competitividad, cree puestos de trabajo de calidad y se ajuste al Pacto Verde. Esta estrategia solo dará fruto si se somete a un estrecho seguimiento y se adapta a los retos emergentes.

«Europa se enfrenta a un grave riesgo de desindustrialización. La industria y la acción por el clima deben ir de la mano», afirmó Andrea Mone, ponente del Dictamen del CESE «El futuro de la industria de la UE ante los elevados precios de la energía y los costes de la transición», que se aprobó en el pleno de febrero.

En su Dictamen, el CESE destaca la necesidad de contar con un marco económico y reglamentario sólido para hacer frente a los elevados costes de la energía y las materias primas, los retos que plantea la inversión en la transición ecológica, las infraestructuras inadecuadas, la escasez de capacidades y la debilidad de la demanda interna. Se considera esencial una política de competitividad centrada en la inversión y la innovación a fin de fomentar la cohesión social y territorial.

El llamamiento del CESE para que se actúe con urgencia se produce en un contexto de creciente preocupación por la seguridad económica de Europa y sus dependencias externas.  En una época de creciente incertidumbre geopolítica y comercial, la UE necesita una política comercial resiliente que le permita salvaguardar la sostenibilidad industrial pese a los objetivos de descarbonización asimétricos, el exceso de capacidad mundial y el aumento de las tensiones comerciales. Fundamentalmente, la consecución de este objetivo pasa por una mayor autonomía en el suministro de materias primas críticas.

Como se señala el informe Draghi, resulta esencial aumentar la inversión y reformar la gobernanza. La economía de la UE se verá reforzada por un mercado interior unificado, especialmente en el sector de la energía. A fin de apoyar las transiciones industriales, es preciso reducir la carga normativa, perfeccionar los marcos del mercado de la electricidad y optimizar los instrumentos financieros, como los acuerdos de compra de energía.

Una transición justa exige un diálogo social sólido y el recurso a la negociación colectiva. La política industrial debe ajustarse a las estrategias de educación y mano de obra, haciendo hincapié en la investigación, la innovación y la creación de capacidades. Las inversiones en infraestructuras energéticas, energías renovables e iniciativas de economía circular contribuirán a alcanzar los objetivos climáticos.

El CESE también ha aprobado un Dictamen complementario sobre «El futuro de las industrias de gran consumo de energía de la Unión Europea», en el que propone soluciones a medida para garantizar la sostenibilidad a largo plazo. Abordar los retos específicos a los que se enfrentan es vital para el futuro industrial de la UE. (ll)