La inteligencia artificial puede mejorar la calidad de vida, pero sigue planteando riesgos

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Una delegación de miembros del Comité Económico y Social Europeo (CESE) visitó tres centros tecnológicos finlandeses a fin de evaluar los posibles beneficios y peligros que entraña la inteligencia artificial para nuestra sociedad. Los miembros subrayaron que, en el futuro, toda evolución en este terreno deberá basarse en tres pilares: la seguridad de los productos, la confianza de los consumidores y la solidaridad en la asistencia sanitaria y social.

Las aplicaciones de inteligencia artificial pueden aumentar el bienestar de las personas, pero hay que tomarse en serio los riesgos que conllevan. Los productos que están surgiendo como resultado de las nuevas tecnologías y, en general, de la revolución digital pueden ser muy útiles y facilitar una amplia gama de usos en todas las facetas de nuestra vida, desde dispensar medicamentos hasta curar la soledad. Sin embargo, deben manejarse con cuidado, ya que no siempre son tan sencillos como parece.

A fin de evaluar las oportunidades y los retos de forma práctica, una delegación de miembros del CESE visitó tres organizaciones finlandesas activas en el desarrollo de tecnologías digitales. Los miembros evaluaron los posibles beneficios y peligros para nuestra sociedad y llegaron a la conclusión de que toda futura evolución de la inteligencia artificial debería tener como punto de referencia a las personas reales, sobre todo por lo que respecta a la seguridad de los productos, la confianza de los consumidores y la solidaridad en los sectores de la asistencia sanitaria y social. La tecnología es un instrumento que puede facilitarnos enormemente la vida y ayudar a la sociedad a resolver sus problemas, pero su motor siempre debe ser el ser humano.

Las personas, en el centro de la inteligencia artificial

La seguridad en primer lugar, afirmó Franca Salis Madinier, miembro del CESE. Todos los productos de inteligencia artificial pueden ofrecer grandes ventajas, pero la otra cara de la moneda es que también pueden ser peligrosos. Estos productos son como los medicamentos, depende de cómo se utilicen. Por este motivo es absolutamente necesario probarlos y certificarlos antes de ponerlos a la venta, añadió. En consecuencia, a la hora de establecer las normas es muy importante que exista un sistema europeo de certificación, ya que, de este modo, los fabricantes pueden declarar que sus productos han sido controlados y no existe riesgo de que causen daño a los seres humanos. Además de la seguridad, hay que tener en cuenta otros requisitos como la solidez y la resistencia, así como la ausencia de prejuicios, discriminación o parcialidad.

Otro aspecto crucial lo constituye la confianza. Los ciudadanos europeos deben poder discernir en qué empresas pueden confiar. A este respecto, Ulrich Samm, miembro del CESE, recomendó remitir a empresas y profesionales de confianza en lugar de a «algoritmos fiables». «Se necesita una etiqueta europea para empresas de inteligencia artificial fiables que esté basada en valores europeos», subrayó. Un proceso de este tipo crearía una ventaja competitiva en el futuro, ya que permitiría generar confianza entre los consumidores: las personas estarían en condición de reconocer las empresas y productos que pueden ser fiables, afirmó.

El papel de las tecnologías digitales también es clave en el ámbito de la asistencia sanitaria y social, donde se están creando nuevas formas de organización y gestión. Los nuevos instrumentos digitales deben contribuir a aplicar y reforzar, en lugar de debilitar, los derechos fundamentales de los ciudadanos. Las personas deben ser siempre el centro de la asistencia social. Se supone que la tecnología nos ayuda y nos facilita la vida, y no al revés, señaló Diego Dutto, miembro del CESE. Debemos aprovechar la transformación digital para desarrollar no solo el potencial de las personas, sino también el de las comunidades locales y las economías sociales. Los valores de solidaridad y universalidad deben seguir siendo la base de nuestros sistemas de salud, lo que debe garantizarse mediante una inversión pública adecuada, concluyó.

Visita de los miembros del CESE a los centros tecnológicos de Helsinki

Las visitas de los miembros del Comité tuvieron lugar en los alrededores de Helsinki el 22 de noviembre de 2019, con ocasión de la conferencia del CESE celebrada el día anterior en Helsinki sobre la inteligencia artificial, la robótica y los servicios digitales para el bienestar de los ciudadanos. La primera reunión fue organizada por el Centro de Investigación Tecnológica de Finlandia (VTT), y en ella los miembros del CESE pudieron debatir los últimos avances en el ámbito de la robótica y explorar el posible alcance de los proyectos de tecnología cuántica.

La segunda visita tuvo como escenario la Universidad de Ciencias Aplicadas (DIAK). En esta ocasión, la atención se centró en la educación, las competencias sociales y la tecnología como medios para prevenir el aislamiento y contribuir a la integración y la igualdad. La última sesión se celebró en el centro tecnológico Airo Island y versó sobre la innovación y las oportunidades de negocio, dándose a conocer ejemplos concretos de productos fabricados por empresas de nueva creación, como la ducha de agua reciclada (loop shower) y el robot dispensador de medicamentos.

El robot para dormir es otro ejemplo de los beneficios que la inteligencia artificial puede aportar a los seres humanos y a la sociedad en su conjunto. Es útil para contrarrestar el insomnio, una afección generalizada en los países industrializados, donde se estima que alrededor de un tercio de la población experimenta algún trastorno del sueño al menos una vez en su vida. Las causas pueden ser múltiples, como el estrés o la ansiedad vespertina, pero todas ellas tienen como consecuencia que las personas experimentan dificultades para descansar adecuadamente por la noche.

El robot para dormir puede ayudarnos a conciliar el sueño. Abrazándolo y siguiendo los consejos y las técnicas que proporciona, a nuestro organismo le resulta más fácil relajarse. Una luz tenue de intensidad adecuada, una música relajante y unos ejercicios de respiración harán el resto, y todo ello permitirá sincronizar el ritmo cardíaco con el de la máquina. En definitiva, la inteligencia artificial puede que no sea una solución única para todo, pero es indudable que puede aportar considerables beneficios.

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