Stefano Mallia, presidente del Grupo de Empresarios

«Recuperar la competitividad en aras de una prosperidad común» constituye el núcleo de las prioridades recientemente adoptadas por nuestro Grupo.

Ante los retos mundiales actuales, situar en primer plano la competitividad y crear un entorno favorable a las empresas deben ser las prioridades que lideren el programa político, con el apoyo de medidas políticas concretas.

En una UE favorable a las empresas, la competitividad se basa en la excelencia y una competencia sana, y no en subvenciones o en el proteccionismo, y las empresas acceden de manera competitiva a todos los recursos de producción necesarios. Una UE favorable a las empresas también significa contar con una normativa que favorezca la actividad empresarial y la productividad, minimice la carga administrativa y permita que el mercado único funcione a pleno rendimiento. Además, una confianza sólida entre las empresas y los responsables políticos constituye un componente clave para atraer inversiones; es necesario igualmente salvaguardar los intereses de las empresas de la UE en relación con los competidores internacionales.


Por todas estas razones, efectuamos un llamamiento en favor de diez políticas favorables a las empresas:

  1. una reforma radical del enfoque normativo,
  2. sistemas de innovación productiva centrados en la inversión y la innovación,
  3. alta capacidad tecnológica en materia de defensa, seguridad y transición ecológica y apoyo a las empresas emergentes tecnológicas,
  4. una base industrial sólida,
  5. mercados financieros integrados mediante la realización de la unión de los mercados de capitales y la unión bancaria,
  6. un acceso adecuado al empleo,
  7. sistemas eficaces de energía y transporte,
  8. igualdad de condiciones comerciales,
  9. una transición ecológica favorable a las empresas, y
  10. una hacienda pública eficiente.

Estas medidas son urgentes si queremos aprovechar el impacto positivo que unas empresas competitivas pueden tener en una economía sólida y una UE que ejerza influencia en el mundo.

Los informes Letta y Draghi han supuesto una llamada de atención: la UE debe recuperar su competitividad; de lo contrario, podría verse obligada a afrontar compromisos difíciles en materia de bienestar, normas medioambientales y libertades fundamentales,

algo que no podemos permitirnos.