European Economic
and Social Committee
por el Grupo de Trabajadores
Después de muchos años de negligencia y optimismo infundado en torno a las cuestiones energéticas, Europa se encuentra en una difícil tesitura. El cierre de instalaciones nucleares, que fueron sustituidas en su mayor parte por centrales de gas o carbón (causando decenas de miles de muertes prematuras cada año), la dependencia del gas natural como alternativa fácil y barata (y, últimamente, incluso ecológica) y un mercado de la energía inadecuado para afrontar tiempos de crisis o proporcionar cuotas elevadas de energías renovables, hacen que la llegada del frío invernal adquiera un cariz especialmente amenazador.
Estos factores, que se han visto exacerbados por la invasión rusa de Ucrania, han puesto por las nubes los precios del transporte y la energía. Junto con el repunte de los precios de muchos alimentos básicos debido a las perturbaciones en la cadena alimentaria mundial, la inflación ha alcanzado niveles desconocidos desde hace décadas. El fuerte aumento de los precios afecta, ante todo, a los grupos más vulnerables, que ya no disponen de margen para afrontar los costes de la energía, el transporte y los alimentos, por no hablar de la probabilidad de hambre e inanición en el resto del mundo, donde gastar más no es una opción.
Ahora que nuestras empresas tienen dificultades para soportar el fuerte aumento de los costes y nuestros ciudadanos y trabajadores no saben si podrán encender la calefacción este invierno, la iniciativa REPowerEU y la reforma del mercado de la energía constituyen un alivio del que hay que congratularse. La transición ecológica justa se ha convertido en una necesidad no solo climática, sino también social y geopolítica. Si no se toman medidas decisivas para abandonar los combustibles fósiles, nuestros sistemas políticos corren el riesgo de derrumbarse mucho antes de que se alcancen los objetivos climáticos. (prp)