Reference number
3/2024

En su pleno de enero, el Comité Económico y Social Europeo (CESE) celebró un debate sobre la planificación de las infraestructuras energéticas en el que se destacó que las redes de electricidad y gas transnacionales son fundamentales para conectar la Unión y deben reforzarse mediante inversiones específicas.

Las instituciones europeas deben reconocer, involucrar y apoyar a la sociedad civil como parte de un diálogo civil estructurado

Carta de solidaridad con los sindicatos argentinos por la huelga general del 24 de Enero

La economía social y la lucha contra la pobreza y la exclusión social

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Lucha contra los abusos sexuales de menores en línea

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Fiscalidad basada en el Estado de la sede principal de las pymes

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En pocas palabras, la sociedad civil puede definirse como grupos de comunidades con capacidad de autoorganización y para definir y alcanzar los objetivos que se proponen. En los sistemas democráticos son numerosos y variados los grupos de la sociedad civil que representan de la mejor manera posible la diversidad de voces y opiniones de sus miembros. En los regímenes no democráticos, las ONG suelen oponerse a quienes ejercen el poder. La sociedad civil puede actuar a través de la ciudadanía activa con la voluntad de trabajar juntos por el bien común, independientemente de las instituciones estatales.

En pocas palabras, la sociedad civil puede definirse como los grupos de comunidades con capacidad de autoorganización y para definir y alcanzar los objetivos que se proponen. En los sistemas democráticos son numerosos y variados los grupos de la sociedad civil que representan de la mejor manera posible la diversidad de voces y opiniones de sus miembros. En los regímenes no democráticos, las ONG suelen oponerse a quienes ejercen el poder. La sociedad civil puede actuar a través de la ciudadanía activa con la voluntad de trabajar juntos por el bien común, independientemente de las instituciones estatales.

Durante el gobierno del partido Ley y Justicia, las organizaciones de la sociedad civil se movilizaron contra los cambios que amenazaban el régimen político y la protección de los derechos humanos. El informe de la Fundación Helsinki para los Derechos Humanos que lleva por título «Presidencia y movilización. La sociedad civil hace frente a la crisis del Estado de Derecho» [disponible en polaco] señala que de 2016 a 2022 los movimientos no gubernamentales organizaron numerosas protestas masivas en defensa del Estado de Derecho y contra la vulneración de los valores constitucionales, y ofrecieron asistencia jurídica a grupos que sufrían discriminación o represión. El sector no gubernamental ha buscado incesantemente nuevas vías de acceso a la participación en los procesos de toma de decisiones mediante la creación, a modo de ejemplo, de paneles ciudadanos o de fructíferas coaliciones de organizaciones para la elección de un Defensor del Pueblo o un Defensor del Menor.

La fortaleza de la sociedad civil en Polonia ha quedado patente en los resultados de las elecciones generales celebradas el 15 de octubre de 2023. Un histórico índice de participación —que ascendió al 74,38 %— y la ventaja electoral obtenida por los grupos de la oposición evidencian una movilización ciudadana eficaz que ha dado lugar a un cambio de gobierno. El Comité Electoral de Ley y Justicia obtuvo el 35,38 % de los votos. Con ello, se convirtió en el primer partido desde 1989 en ganar unas elecciones generales por tercera vez consecutiva. No obstante, a diferencia de los comicios de 2015 y 2019, su comité no obtuvo la mayoría de escaños necesaria para formar gobierno. También obtuvieron escaños en la Dieta polaca el partido Coalición Cívica (30,7 %), la coalición de Tercera Vía y el Partido Campesino Polaco (14,4 %), la Nueva Izquierda (8,61 %) y la Confederación de Libertad e Independencia (7,16 %). Los tres primeros grupos alcanzaron el 51,72 % de los votos y, con ello, la mayoría necesaria para formar un Gobierno tripartito en coalición. El Gobierno del primer ministro Donald Tusk fue elegido en segunda vuelta.

Ninguna de las encuestas preveía un índice de participación tan elevado. Cabe recordar que en las elecciones generales de 2019 ascendió al 61,74 %, mientras que en las históricas elecciones de 1989 se mantuvo en el 62,7 %. El anhelo de cambio, provocado por una prolongada sensación de frustración social, como ponen de manifiesto los resultados de las encuestas (por ejemplo, las efectuadas por el Instituto de Opinión Pública de Polonia o la Fundación Batory), motivó a la ciudadanía a acudir a las urnas. Antes de las elecciones se constató una fuerte movilización social. A modo de ejemplo, se batió el récord de votantes que obtuvieron un certificado para el voto fuera de su lugar de residencia (960 000 personas habían cambiado su colegio electoral antes de las 15.00 horas del 12 de octubre, y en torno a 1 200 000 habían presentado una solicitud de este tipo). Casi el doble de nacionales polacos residentes en el extranjero se inscribieron para ejercer su derecho de voto (hasta 600 000, frente a los 350 000 de las anteriores elecciones de 2019).

La organización y celebración de un referéndum nacional podría ser otro factor que aumentó la movilización de la ciudadanía para participar en las elecciones generales. El referéndum contó con un índice de participación del 40,91 %, por lo que sus resultados carecieron de carácter vinculante. Otra importante actividad de movilización fueron las múltiples campañas a favor de la participación que emprendieron las ONG. En particular, destacan las campañas dirigidas a mujeres y jóvenes [como las iniciativas de la organización Głos Kobiet «To Twój wybór» (Es tu elección); de la organización Wschód «Cicho już byłyśmy» (Ya nos han silenciado) o de la organización SexEd «To Twoja decyzja» (Es tu decisión)], que contribuyeron a incrementar los índices de participación electoral. En las elecciones generales de 2019 votaron un 61,5 % de mujeres y un 60,8 % de hombres, mientras que el índice de participación de los jóvenes de entre 18 y 29 años ascendió al 46,4 %. A las elecciones de 2023 acudieron más mujeres (73,7 %) que hombres (72,0 %) y jóvenes de entre 18 y 29 años (68,8 %). Las organizaciones de carácter social organizaron al menos veinte campañas a favor de la participación electoral durante el período de campaña electoral.

Las campañas se desarrollaron principalmente en línea, pero algunas también hicieron acto de presencia en televisión, radio e incluso en cines. Gracias a la participación de personajes famosos, personas influyentes, actores y personalidades públicas, aumentaron los medios para llegar a distintas audiencias. Según los resultados de la encuesta que lleva por título «Motivaciones y decisiones electorales 2023» [disponible en polaco] efectuada por el Instituto de Opinión Pública de Polonia en octubre de 2023, la mayoría de los votantes (70 %) tomó su decisión de votar al menos unas semanas antes de las elecciones. El resto de votantes la tomaría en un momento posterior: durante la última semana previa a las elecciones (28 %), el mismo día en que se celebraron (9 %) y en la víspera de las mismas (4 %). Para los votantes de la Confederación de Libertad e Independencia, las relaciones del grupo con la Unión Europea revestían especial importancia (80 %). Prácticamente la misma importancia para votar a la Confederación tuvo el deseo de un cambio en el poder (77 %). Muchos votantes de la formación (64 %) consideran que el grupo representa valores y principios con los que se sienten representados. Los votantes de Ley y Justicia consideran que el partido representa tanto sus intereses (para el 66 % «se preocupa por la gente corriente») como sus valores y principios (62 %). Al mismo tiempo, valoran positivamente la gestión del partido hasta la fecha (64 %) y su programa económico (59 %).

En junio de 2024, las ciudadanas y los ciudadanos polacos elegirán a sus diputados al Parlamento Europeo. Las elecciones al Parlamento pueden considerarse una continuación del ciclo electoral iniciado con las elecciones generales de 2023, ya que en abril de 2024 se celebrarán elecciones locales en el país. Los asuntos europeos estarán presentes en la campaña de los gobiernos locales, aunque en menor medida que durante las generales. Además, el vigésimo aniversario de la adhesión de Polonia a la UE puede tener un efecto movilizador de cara a la participación en las elecciones al Parlamento Europeo. Cabe recordar que las últimas elecciones al Parlamento de 2019 contaron con un índice de participación electoral del 45,68 % en Polonia.

Las ciudadanas y los ciudadanos polacos manifiestan su firme apoyo a que el país forme parte de la Unión Europea. Una encuesta efectuada por el Instituto de Opinión Pública de Polonia en abril de 2023 indica que gran parte de los ciudadanos se muestra a favor de que el país siga perteneciendo a la UE. Si bien el porcentaje ha disminuido, sigue manteniéndose en niveles muy elevados (85 %). Una proporción mucho menor de personas encuestadas está en contra de la permanencia de Polonia en la UE (10 %). Una de cada veinte personas (5 %) no se pronuncia sobre esta cuestión.

Asimismo, conviene recordar que las elecciones al Parlamento Europeo se celebrarán por vez primera en un contexto de múltiples crisis, entre las que cabe destacar la actual guerra en Ucrania, las crisis climática y económica o el auge de la derecha populista, entre otras. Por consiguiente, habida cuenta de una previsible mayor actividad de desinformación, será importante contar con una política de comunicación electoral eficaz y coherente adaptada a determinados grupos de votantes. Las tensiones internacionales animan a los partidarios de la Unión Europea a considerarla una comunidad garante de nuestra seguridad.

Małgorzata Molęda-Zdziech

Szkoła Główna Handlowa (Escuela de Economía de Varsovia) – Equipo Europe Direct Polonia

Desde el mes de diciembre, hemos empezado a publicar las opiniones de nuestros invitados sobre las elecciones europeas en la columna titulada «Voy a votar, ¿y tú?» En esta ocasión, nuestra invitada es Malgorzata Molęda-Zdziech, socióloga polaca, politóloga y comentarista activa de la actualidad en Polonia.

Desde el mes de diciembre, hemos empezado a publicar las opiniones de nuestros invitados sobre las elecciones europeas en la columna titulada «Voy a votar, ¿y tú?» En esta ocasión, nuestra invitada es Malgorzata Molęda-Zdziech, socióloga polaca, politóloga y comentarista activa de la actualidad en Polonia.

Dirige el Departamento de Estudios Políticos de la Escuela de Economía de Varsovia y es representante del rector para la cooperación con la Unión Europea. En su artículo, menciona el importante papel de la sociedad civil polaca, que influyó en los resultados de las últimas elecciones nacionales que tuvieron lugar en Polonia en octubre de 2023. Asimismo, se refiere a una de las prioridades de la futura Presidencia polaca del Consejo de la UE, que guarda relación con el papel que desempeña la sociedad civil en la protección del Estado de Derecho. (ehp)

Jacques Delors, fallecido el 27 de diciembre de 2023, será recordado como el presidente de mayor envergadura, eficacia y visión de la Comisión Europea, un «padre fundador» de la Europa unida, como también lo fueron mucho antes Jean Monnet y Robert Schuman.

Jacques Delors, fallecido el 27 de diciembre de 2023, será recordado como el presidente de mayor envergadura, eficacia y visión de la Comisión Europea, un «padre fundador» de la Europa unida, como también lo fueron mucho antes Jean Monnet y Robert Schuman.

Previamente, al presidente de la Comisión se le consideraba poco más que un burócrata europeo; fue Delors quien confirió a esta función un estatus, más tarde reconocido por todos, equivalente al de un jefe de Estado o de Gobierno. En los diez años que duró su mandato, de 1985 a 1995, y gracias al apoyo del canciller alemán Helmut Kohl y el presidente francés François Mitterrand, impulsó el proceso de integración europea con vigor y determinación. Nada más asumir el cargo, relanzó el proceso con el objetivo de transformar el mercado común, basado en la unión aduanera, en un verdadero mercado único para 1992. Posteriormente, cuando el propio mercado único aún estaba en ciernes, acometió su otro gran proyecto, el de la unión monetaria, en paralelo a la ampliación de las competencias comunitarias, que culminó en la fundación de la Unión Europea con el Tratado de Maastricht.

También fue pionero en la lucha contra el «déficit democrático» de la Comunidad, al proponer y obtener mayores poderes para el Parlamento Europeo, primero a través del procedimiento de cooperación previsto en el Acta Única, y después, a partir de la reforma de Maastricht, mediante el mecanismo de codecisión, que por fin atribuía un verdadero papel colegislativo a la Asamblea de Estrasburgo para aquellos asuntos sujetos a la decisión por mayoría cualificada en el Consejo.

El camino hacia el objetivo estratégico del mercado único se inició con la elaboración de dos documentos: un informe sobre el coste de la «no Europa», que demostraba los beneficios económicos de eliminar las barreras normativas internas que aún subsistían, y un primer «Libro Blanco» que señalaba todas las medidas legislativas —unas doscientas— necesarias para eliminar esas barreras.

Desde el primer momento, Delors apuntó al refuerzo de los mecanismos de decisión y las instituciones europeas como herramienta esencial para llevar a buen puerto el proyecto. Para ello propuso, con el Acta Única Europea, la primera verdadera reforma de los Tratados de Roma de 1957, con los que se habían creado las Comunidades Europeas (el Mercado Común y Euratom), y convenció a los Estados miembros para que la aprobaran (1987).

A continuación, Jacques Delors desempeñó un papel esencial en la redefinición del marco financiero comunitario, aumentando considerablemente los recursos presupuestarios hasta el 1,20 % del PIB total de los Estados miembros —mediante el «Paquete Delors I» (1988-1992)— y, más adelante, hasta el 1,27 % —mediante el «Paquete Delors II» (1993-1999)—, además de incrementar notablemente los fondos destinados a la «cohesión económica y social» (las políticas regionales y estructurales), considerados como una contrapartida necesaria a la unificación del mercado interior. Pero aún más importante fue la reforma estructural del marco presupuestario de la UE, ya que fue precisamente a partir de la entrada en vigor de los dos «Paquetes Delors» que el presupuesto dejó de ser anual para inscribirse en un marco a medio plazo, abarcando un período de siete años.

Se evitaba así la repetición anual de las agotadoras negociaciones presupuestarias entre los Estados miembros, que ralentizaban durante meses el trabajo de las instituciones europeas. Otro elemento clave introducido por Delors en las políticas europeas fue la atención prestada a la dimensión social: fue él, en particular, quien puso en marcha el «diálogo social» entre empresas, sindicatos e instituciones europeas. Sin embargo, su programa social, que también preveía una armonización de los instrumentos para proteger a los trabajadores en caso de crisis y contrarrestar las presiones de deslocalización de las actividades de producción, fue una de sus obras inacabadas.

Su derrota más amarga, con todo, fue la que sufrió a raíz de la publicación de su segundo «Libro Blanco» sobre «Crecimiento, competitividad, y empleo», que había lanzado a bombo y platillo en 1993 como último gran proyecto de su mandato. Se trataba de una propuesta para revitalizar y estimular la economía (que se financiaría con veinte mil millones de euros durante veinte años), basada, entre otras cosas, en una emisión conjunta de deuda (ocho mil millones de euros al año) junto con aportaciones del presupuesto comunitario y préstamos del Banco Europeo de Inversiones, y destinada a apoyar la construcción de infraestructuras de transporte y telecomunicaciones, además de una serie de iniciativas económicas y sociales: un preludio, en esencia, de lo que más de veinte años después sería la «NextGenerationEU», con la que se daría respuesta a la crisis pandémica.

Tras una primera acogida favorable por parte del Consejo Europeo, el plan fue criticado y abandonado por los ministros de Economía de la UE. Hacia el final, la década de Jacques Delors entró en declive al cambiar las tornas y ser acusado de ambición desmedida, jacobinismo centralizador y exceso de reglamentación. Ironías de la suerte, más tarde se retomarían algunas de sus ideas, como sucedió con las «redes transeuropeas» o el programa «SURE» de apoyo a los expedientes de regulación temporal de empleo durante la crisis de COVID-19.