La ruta hacia el próximo marco financiero plurianual

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Por Tetyana Ogarkova

A principios del pasado mes de marzo emprendí un viaje de dos días a Francia desde Kiev con el corazón en un puño. Asistía a un simposio sobre Ucrania, lo que me impidió acudir a una importante ceremonia en la plaza de la Independencia, en el centro de la ciudad, donde mi amiga, la poetisa Svitlana Povalyaeva, daría un último adiós a su primogénito, Vasyl, asesinado en el frente a la edad de 28 años. Roman, el menor de sus hijos, había perecido luchando en la batalla por liberar la región de Járkiv en el verano de 2022, con tan solo 24 años. 

Por Tetyana Ogarkova

A principios del pasado mes de marzo emprendí un viaje de dos días a Francia desde Kiev con el corazón en un puño. Asistía a un simposio sobre Ucrania, lo que me impidió acudir a una importante ceremonia en la plaza de la Independencia, en el centro de la ciudad, donde mi amiga, la poetisa Svitlana Povalyaeva, daría un último adiós a su primogénito, Vasyl, asesinado en el frente a la edad de 28 años. Roman, el menor de sus hijos, había perecido luchando en la batalla por liberar la región de Járkiv en el verano de 2022, con tan solo 24 años.

Subí al tren con un nudo en el estómago: había dejado en casa a mis tres hijas. No era la primera ocasión que partía al extranjero durante la guerra por un breve lapso, pero esta vez estaba aterrorizada.

Era consciente de que, en caso de peligro inminente por misiles balísticos rusos, el sistema de alerta de mi teléfono podría no emitir una luz roja que advirtiera de tal peligro. Durante unos días estaría a 2 000 kilómetros de casa, sin tener ni idea de si mis hijas estarían a salvo, y me resultaba insoportable.

Tal fallo en el sistema de alerta se debería a que los Estados Unidos habrían interrumpido el suministro de inteligencia a Ucrania, incluso para la detección temprana de misiles balísticos lanzados desde territorio ruso. Ya habían suspendido la ayuda militar, hasta el punto de bloquear en Polonia equipos que ellos mismos habían enviado.

Unos días después, regresé a Ucrania. Entretanto, habían tenido lugar los diálogos entre las delegaciones ucraniana, estadounidense y saudí: Ucrania estaba dispuesta a aceptar un alto el fuego total e inmediato si Rusia también hacía lo propio. Donald Trump manifestó su satisfacción con el resultado, reinstaurando el flujo de datos de inteligencia, junto con el apoyo militar acordado durante el Gobierno de Biden.

No obstante, había hecho trizas toda nuestra confianza: tras la traición, es difícil fingir que no sangra el corazón.

¿No se siente Europa también traicionada? La era del paraguas de seguridad de la OTAN bajo el liderazgo estadounidense ha llegado a su fin. La turba de trumpistas marca distancias: el presidente tiene previsto reducir la presencia de su nación con fines militares y humanitarios en Europa y está sacando a Rusia, al agresor, de su aislamiento diplomático y económico.

Si Trump quiere un alto el fuego en Ucrania lo antes posible y de cualquier manera, es porque no considera que la difícil situación de Ucrania importe demasiado; simplemente aspira a minimizar los costes para el presupuesto nacional. Estados Unidos ya no participa en reuniones como las que se convocan en la base de Ramstein ni prevé prestar ningún otro tipo de asistencia militar durante este año.

Una paz a costa de la derrota de Ucrania no es algo que le quite el sueño al Gobierno estadounidense. En efecto, los enviados Steve Witkoff y Keith Kellogg han propuesto dividir Ucrania en dos o tres partes, a imagen de la Alemania de la posguerra nazi, como si Ucrania fuera el Estado atacante y ya hubiera perdido la guerra.

Ojo, que Europa también está bajo amenaza. El que Trump prevea reducir el número de tropas estadounidenses en Europa y exija a cada Estado miembro de la OTAN que gaste un 5 % del PIB en defensa no es sino una muestra de su convencimiento de que la defensa de Europa es problema de Europa.

Mientras, Putin no pierde detalle. Para Rusia, una OTAN desprovista de la batuta estadounidense no constituye ni una fuerza defensiva ni disuasoria. ¿Cuánto tiempo llevaría constituir una «Europa de la defensa» capaz de garantizar por sí sola su propia seguridad? Si esa pregunta les resulta demasiado abstracta, intenten responder a esta otra: ¿quién, entre todos los europeos, acudiría a defender a los Estados bálticos en caso de que Rusia los ataque una vez complete sus operaciones de formación en Bielorrusia, en septiembre de 2025?

Tras la traición de Estados Unidos, las opciones que le quedan a la UE están muy claras: defender hoy a Ucrania con el mismo ahínco con que se defendería a sí misma o afrontar mañana en su propio territorio al ejército ruso. Nos espera una ardua lucha, pero ninguna batalla debe darse por perdida antes de librarla.

No he podido pasar por alto una encuesta de finales de marzo en la que se recabó la opinión pública ucraniana: más del 80 % de los entrevistados se mostraron dispuestos a continuar la lucha contra Rusia, incluso sin el apoyo de los Estados Unidos.

Está por ver cuántos europeos lucharán a nuestro lado.

Tras la traición de Estados Unidos, ha quedado meridianamente claro que Europa va a tener que elegir entre defender hoy a Ucrania con el mismo ahínco con que se defendería a sí misma o afrontar mañana en su propio territorio al ejército ruso. Será una ardua lucha, pero ninguna batalla debe darse por perdida antes de librarla. Queda por ver cuántos europeos lucharán a nuestro lado, afirma nuestra invitada sorpresa, la periodista ucraniana Tetyana Ogarkova.

Tras la traición de Estados Unidos, ha quedado meridianamente claro que Europa va a tener que elegir entre defender hoy a Ucrania con el mismo ahínco con que se defendería a sí misma o afrontar mañana en su propio territorio al ejército ruso. Será una ardua lucha, pero ninguna batalla debe darse por perdida antes de librarla. Queda por ver cuántos europeos lucharán a nuestro lado, afirma nuestra invitada sorpresa, la periodista ucraniana Tetyana Ogarkova.

Tetyana Ogarkova es una periodista ucraniana, ensayista y especialista en literatura, que reside en Kiev. Es coordinadora del departamento internacional del Ukraine Crisis Media Center y copresentadora del podcast Explaining Ukraine. También es profesora ayudante de la Universidad Mohyla de Kiev y doctora en Letras por la Université Paris-XII Val-de-Marne. 

Inversiones y reformas para impulsar la competitividad europea y crear una unión de los mercados de capitales

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Medidas en pos de una economía europea resiliente, cohesionada e inclusiva

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Las propuestas de reforma e inversión formuladas en el marco del ciclo del Semestre Europeo 2024-2025

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Flexibilidad 2025 - Objetivos de emisiones de CO2 de los turismos nuevos y de los vehículos comerciales ligeros nuevos

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Elena Calistru, miembro del CESE y ponente del Dictamen «Dejar atrás las crisis: medidas en pos de una economía europea resiliente, cohesionada e inclusiva», escribe sobre los imperativos económicos que justifican la creación de una economía que proteja a las personas y las empresas de las turbulencias económicas y las crisis agudas del coste de la vida.

Elena Calistru, miembro del CESE y ponente del Dictamen «Dejar atrás las crisis: medidas en pos de una economía europea resiliente, cohesionada e inclusiva», escribe sobre los imperativos económicos que justifican la creación de una economía que proteja a las personas y las empresas de las turbulencias económicas y las crisis agudas del coste de la vida.

Por Daniela Vancic

La ICE es verdaderamente única. En ningún lugar del mundo existe una herramienta semejante que permita a los ciudadanos y ciudadanas influir de forma directa en la legislación. Sin embargo, aún estamos a la espera de que se le otorgue el reconocimiento que merece desde hace tiempo, afirma Daniela Vancic, responsable principal de políticas y promoción europeas en Democracy International, quien compartió con nosotros tres ideas para lograr que la ICE tenga más impacto.

Por Daniela Vancic

La ICE es verdaderamente única. En ningún lugar del mundo existe una herramienta semejante que permita a los ciudadanos y ciudadanas influir de forma directa en la legislación. Sin embargo, aún estamos a la espera de que se le otorgue el reconocimiento que merece desde hace tiempo, afirma Daniela Vancic, responsable principal de políticas y promoción europeas en Democracy International, quien compartió con nosotros tres ideas para lograr que la ICE tenga más impacto.

La iniciativa ciudadana europea (ICE) es una de las herramientas democráticas más poderosas con las que cuenta la UE, solo por detrás de las elecciones al Parlamento Europeo. La implicación de más de veinte millones de ciudadanos y ciudadanas en sus trece años de existencia demuestra que es una plataforma participativa de primer orden. No obstante, pese a su potencial, rara vez recibe el reconocimiento que merece.

Me gustaría exponer las razones por la que la ICE es importante y tres ideas para lograr que tenga aún más impacto.

El papel de la ICE en un mundo polarizado

¿Qué hace que la ICE sea verdaderamente única? En ningún lugar del mundo existe una herramienta semejante. La ICE permite a los ciudadanos y ciudadanas influir de forma directa en la legislación si logran recabar para ello apoyos en al menos siete Estados miembros de la UE. En una época en que la polarización política va en aumento, actúa como puente vital entre la ciudadanía y los responsables políticos, fomenta la colaboración, crea conexiones e impulsa un cambio real.

La esencia de la ICE es inspirar a las personas para que participen en la elaboración de las políticas. Reúne a diversos grupos, estimula el debate público y proyecta voces en la escena europea. Por ejemplo, la iniciativa Mi voz, mi decisión, que recientemente consiguió reunir más de un millón de firmas, movilizó a toda una red de activistas, organizaciones y personalidades públicas (incluidas figuras internacionales como Barack Obama) y suscitó una conversación más amplia sobre valores fundamentales. Este tipo de movilización crea un valor duradero para la propia democracia, así como para la causa que se defienda.

Tomar decisiones a tiempo es fundamental

La ICE encierra un enorme potencial democrático, pero para liberarlo por completo es esencial que las instituciones europeas tomen decisiones a tiempo. Si bien algunas iniciativas, como la campaña «End the Cage Age» (Acabemos con las jaulas), han propiciado cambios positivos en las políticas de la UE, a menudo existe un retraso significativo entre el apoyo público a una ICE y su seguimiento legislativo, lo cual puede resultar frustrante tanto para la ciudadanía como para la sociedad civil, corriendo el riesgo de que dejen de creer en el proceso.

Para no perder el impulso, la UE debe considerar la posibilidad de acelerar la tramitación de las ICE que reciban un apoyo público abrumador. Si bien elaborar la legislación de la UE lleva tiempo, cuando una ICE cuenta con un respaldo claro y generalizado, debe recibir especial atención y cuidado. La ciudadanía debe poder ver cómo sus ideas se transforman rápidamente en acciones, lo que convierte a la ICE en un catalizador del cambio oportuno y en una herramienta influyente.

El papel de las organizaciones de la sociedad civil a la hora de impulsar la reforma europea

Las organizaciones de la sociedad civil siempre han ocupado un lugar central en la ICE, ya que han movilizado a la ciudadanía y sensibilizado sobre el potencial de la herramienta. Desde el principio, organizaciones como Democracy International han desempeñado un papel crucial a la hora de organizarla y respaldarla. No obstante, el papel de la sociedad civil no se detiene ahí.

Estas organizaciones deben seguir abogando por reformas que puedan reforzar la ICE como instrumento democrático. Por ejemplo, a través de las ICE debería ser posible que la ciudadanía presentara propuestas de reforma de los Tratados de la UE, una competencia que aún no está a su alcance pero que podría tener un profundo impacto en el futuro de Europa. Los debates sobre la reforma de los Tratados van evolucionando y se reconoce cada vez en mayor medida que la UE necesita un Tratado que esté a la altura para dar respuesta a los retos y oportunidades de nuestro tiempo; por ello, es más importante que nunca ampliar la ICE para que los ciudadanos y ciudadanas puedan sentarse en la mesa de negociaciones.

La ICE debe ser una fuente de inspiración para las políticas

Elevemos el nivel de ambición de la ICE. Una idea para movilizar todo su potencial es tener en cuenta incluso las ICE que no cumplan todos los requisitos formales. No todas las grandes ideas superarán el umbral de un millón de firmas, lo cual no significa que no merezca la pena examinarlas. Gestionar una ICE no es tarea fácil, sobre todo porque implica esfuerzos transnacionales, multilingües y multinacionales. Con todo, es posible que algunas de las mejores ideas no cuenten con los recursos necesarios para alcanzar el exigente listón que culmina en el éxito de una ICE.

Por ejemplo, la ICE Single Communication Tariff Act (Tarifa única de telefonía móvil) de 2012 no tuvo «éxito» si nos atenemos a la definición estándar de este término, pero consiguió inspirar la política de «en itinerancia como en casa», que entró en vigor cinco años después y beneficia a millones de europeos desplazados, que ahora pueden disfrutar de la itinerancia de datos sin tasas a través de las fronteras. Esto demuestra que incluso las ICE que no cumplen el objetivo del número de firmas pueden inducir cambios en las políticas. La UE debe estar abierta a considerar todas las ideas que impulsen sus ciudadanos y ciudadanas, incluso aquellas que no lleguen al umbral del millón de firmas, y a utilizarlas como fuente de inspiración para la futura legislación.

Principales conclusiones

La ICE es una herramienta increíblemente valiosa para reforzar la democracia en Europa, en especial en un momento en que los valores democráticos están amenazados en todo el mundo. Permite que los ciudadanos y ciudadanas presenten sus ideas en el ámbito de la UE, moviliza el apoyo del público y genera un impacto significativo. Ahora que la ICE está entrando en la «adolescencia», ha llegado el momento de reflexionar sobre cómo dar más vuelo a esta herramienta única y crear una conexión más sólida y directa entre la ciudadanía y las instituciones.

Con el apoyo continuo de la sociedad civil, la ICE puede contribuir a construir una Unión Europea más participativa y receptiva y, por ende, a consolidar su posición como líder mundial en democracia.

Daniela Vancic es la principal responsable de políticas y promoción europeas en Democracy International, organización desde la que lleva defendiendo la democracia participativa y directa desde 2017. Con más de una década de experiencia en procesos de participación ciudadana, es una reconocida experta sobre la iniciativa ciudadana europea. En 2022 coeditó el libro «Complementary Democracy: The Art of Deliberative Listening».