En este número: 

  • Emilie Prouzet, miembro del CESE, sobre la crisis del coste de la vida: «El precio de un mercado único fragmentado es demasiado alto»
  • «La Europa de la defensa, una carrera contra reloj», por Tetyana Ogarkova, periodista ucraniana
  • Especial Semana de la Sociedad Civil:
    • «Un diagnóstico para Europa: la precariedad y la inseguridad como nueva normalidad», por Albena Azmanova
    • La ICE «Mi voz, mi decisión» reúne más de 1,2 millones de firmas en apoyo del derecho al aborto
    • 15.º Premio Sociedad Civil: Conozca a los ganadores

En este número:

  • Emilie Prouzet, miembro del CESE, sobre la crisis del coste de la vida: «El precio de un mercado único fragmentado es demasiado alto»
  • «La Europa de la defensa, una carrera contra reloj», por Tetyana Ogarkova, periodista ucraniana
  • Especial Semana de la Sociedad Civil:
    • «Un diagnóstico para Europa: la precariedad y la inseguridad como nueva normalidad», por Albena Azmanova
    • La ICE «Mi voz, mi decisión» reúne más de 1,2 millones de firmas en apoyo del derecho al aborto
    • 15.º Premio Sociedad Civil: Conozca a los ganadores

Nuestras sociedades están siendo consumidas por la precariedad ubicua, una enfermedad invisible que hace que la gente se sienta profundamente desempoderada y a merced de fuerzas que escapan a su control. Así lo afirma Albena Azmanova, profesora universitaria y autora galardonada, que pronunció un impactante discurso inaugural durante la Semana de la Sociedad Civil del CESE. En esta entrevista para EESC Info analiza las principales causas de esta epidemia, incluida la tendencia a dar prioridad a la igualdad sobre la estabilidad económica.

Nuestras sociedades están siendo consumidas por la precariedad ubicua, una enfermedad invisible que hace que la gente se sienta profundamente desempoderada y a merced de fuerzas que escapan a su control. Así lo afirma Albena Azmanova, profesora universitaria y autora galardonada, que pronunció un impactante discurso inaugural durante la Semana de la Sociedad Civil del CESE. En esta entrevista para EESC Info analiza las principales causas de esta epidemia, incluida la tendencia a dar prioridad a la igualdad sobre la estabilidad económica.

En su discurso inaugural durante la Semana de la Sociedad Civil, habló de una epidemia de precariedad como origen del declive de las libertades políticas. La describió como una enfermedad invisible que nos está enloqueciendo. ¿Podría explicarnos más detalladamente a qué se refiere cuando habla de una «epidemia de precariedad»? ¿Cuál es su origen?

Las personas están cada vez más exasperadas y las muertes provocadas por la desesperación —especialmente los suicidios en el lugar de trabajo— están aumentando en las sociedades prósperas. Es la punta más dolorosa y, por tanto, la más visible de un vasto pero invisible iceberg de precariedad motivada por la inseguridad de nuestros medios de subsistencia. No es solo que la gente esté indignada y que la confianza en las instituciones políticas esté disminuyendo, aunque a menudo oigamos hablar de estas cuestiones. La desconfianza puede ser sana, porque refuerza las exigencias de rendición de cuentas. El enfado puede ser productivo, ya que puede dar lugar a luchas en pro de la justicia y llevar a transformaciones significativas.

La enfermedad actual de nuestras sociedades, lo que en mis trabajos trato bajo la rúbrica de «precariedad ubicua», es diferente. Se trata de un tipo especial de inseguridad, un grave desempoderamiento debido a que las personas se sienten a merced de fuerzas que no pueden controlar.

Como individuos, vivimos la precariedad como una incapacidad para hacer frente a las tareas básicas de nuestras vidas. La sensación generada por esta incapacidad crea un temor a caer, a perder lo que tienes: tu trabajo, tus ahorros, tu capacidad de rendir y tu cordura. Por lo tanto, el problema no es tanto la pobreza o la desigualdad, sino la pérdida experimentada o prevista, el miedo a caer. Esta es la forma en que las personas experimentan la precariedad.

Las sociedades, en cambio, experimentan la precariedad como incapacidad para gobernarse y gestionar la adversidad. Pongamos como ejemplo la COVID-19. ¿Cómo fue posible que nuestras sociedades ricas, científicamente brillantes y sofisticadas desde el punto de vista institucional permitieran que un problema de salud pública, causado por un virus que no era ni del todo desconocido ni excesivamente mortal, se convirtiera primero en una grave crisis sanitaria y luego en una crisis económica y social? La respuesta es que nuestros Gobiernos habían reducido la inversión pública, incluida la relacionada con la asistencia sanitaria.

Existe otra característica de la precariedad causada por políticas específicas, por la combinación neoliberal de mercados libres y economías abiertas en la que las decisiones se basan en la rentabilidad. Con el fin de asegurar la competitividad nacional o de la UE en el mercado mundial y en un contexto de competencia planetaria por los beneficios, las élites de centroizquierda y de centroderecha se apresuraron a reducir tanto la seguridad laboral (para dar a las empresas una flexibilidad que las hiciese competitivas) como el gasto en servicios públicos. Esto hizo que todos tuviesen más responsabilidades, pero menos recursos para cumplirlas. Se nos pide hacer más con menos.

He aquí un ejemplo: la Comisión Europea está pidiendo a los Estados que hagan más por la justicia social al tiempo que les pide que reduzcan el gasto. Este desajuste entre unas responsabilidades que no paran de aumentar y unos recursos menguantes se traduce en un sentimiento de incertidumbre y en dudas sobre si seremos capaces de hacer frente a nuestras tareas. No estamos ante ese tipo de incertidumbre sana que nos impele a desear salir al mundo, considerar nuestras opciones, asumir riesgos o probar nuestra valía. De lo que se trata es de un miedo tóxico, del temor a perder tus medios de subsistencia y la anticipación de un futuro más oscuro.

En su opinión, ¿cuál es la causa del auge de los líderes autoritarios y los partidos de derechas? ¿Cómo valora la situación actual de las libertades democráticas y el respeto de los valores fundamentales de la UE en Europa?

El aumento del apoyo a los líderes y partidos autoritarios de derechas se debe a la precariedad generada políticamente.  Las personas se sienten inseguras, por lo que anhelan seguridad y estabilidad; se sienten desempoderadas, por lo que depositan sus esperanzas en líderes fuertes que proporcionarán una estabilidad inmediata forzada con mano de hierro. Por ejemplo, aumentan el gasto militar y dan más poder a la policía, tal como está a punto de hacer la UE.

Fueron los partidos centristas los que, al precarizar nuestras sociedades en nombre del neoliberalismo, crearon las condiciones para que sucediera todo esto. En mi opinión, la centroizquierda es especialmente responsable de esta lamentable situación. A pesar de que, según proclama la propia socialdemocracia, su vocación es luchar por la justicia, lo cierto es que se ha centrado en la lucha contra una única forma de injusticia: la desigualdad. Sin embargo, lo que la gente ansía es la estabilidad económica: la capacidad de gestionar sus vidas y de planificar su futuro.

Piénselo: podríamos tener sociedades perfectamente igualitarias, pero profundamente precarias, algo que difícilmente podríamos considerar una sociedad floreciente. Además, las personas no están necesariamente deseosas de erradicar la desigualdad si ello acarrea que se les trate como a perdedores a los que se compensa (y humilla) con un poco de redistribución: lo que realmente no quieren es llegar a convertirse en perdedores.

En su discurso también habló de «los Juegos Olímpicos del victimismo». ¿Podría describir qué es esto y por qué deberíamos evitarlo?

En las últimas cinco décadas, aproximadamente, la lucha contra la discriminación se ha manifestado en forma de políticas de identidad. A los grupos que históricamente habían sufrido discriminaciones se les trató como a «minorías protegidas», con un estatus elevado a través de medidas de discriminación positiva, como las promociones selectivas y los sistemas de cuotas. Cuando esto sucede en una situación de precariedad ubicua, en el que los buenos puestos de trabajo y otros recursos son escasos, estos grupos protegidos entran a competir por estos recursos limitados. En un contexto de estas características, la condición de víctima se convierte en una especie de baza determinante: cuanto mayor sea la victimización percibida, mayor será el derecho a ser protegido.

Por un lado, esto genera animosidad entre los grupos que compiten entre sí y erosiona la solidaridad. Por otro, ninguno de ellos gana realmente, ya que no dejan de ser víctimas. Después de todo, ser víctimas y sufrir discriminación es precisamente lo que les da motivos para pedir protección. Los únicos ganadores en esta desagradable competición por el acceso a los recursos y a una protección especial son las élites, que se presentan como magnánimos dispensadores de favores clientelares. El resultado final es que los grupos desempoderados luchan entre sí como enemigos, mientras que sus «benefactores», las élites políticas, obtienen más poder gracias a estas luchas. 

A la luz de todo esto, ¿por qué es la sociedad civil tan importante para la preservación de la democracia y las libertades civiles que muchos de nosotros damos por sentadas? ¿Por qué es la sociedad civil, y no las elecciones democráticas, el antídoto frente a los abusos de poder?

Cuando votamos, estamos solos. Sentimos nuestro desempoderamiento y las frustraciones de la inseguridad de forma acuciante, y damos voz a esta ansiedad a través de nuestro voto. De ahí el auge de los partidos reaccionarios en elecciones libres y justas. La sociedad civil se guía por una lógica distinta y cuenta con una fuente especial de poder: el sentimiento de comunidad. Cuando estamos acompañados, unidos por los lazos de una causa común, no estamos solos, sentimos una precariedad y un desempoderamiento menores, ya que podemos contar con el apoyo de nuestros compañeros. Una vez que se reduce el sentimiento de precariedad, el miedo disminuye y podemos mirar hacia adelante, podemos pensar «en grande».

Albena Azmanova es profesora de Ciencias Políticas y Sociales en City St George's, University of London, y coeditora de la revista Emancipations. Su último libro, Capitalism on Edge (2020), ha recibido varios premios, entre ellos el Michael Harrington Book Award, que la Asociación Americana de Ciencias Políticas otorga a «trabajos destacados que demuestran cómo puede utilizarse la investigación académica en la lucha por un mundo mejor». 

La iniciativa ciudadana europea «Mi voz, mi decisión» aboga por el derecho a abortos seguros y accesibles para todas las mujeres en todos los Estados miembros de la UE. Puesta en marcha en abril de 2024 y coordinada por la organización eslovena 8th of March Institute, ha conseguido recabar más de un millón de firmas mucho antes del plazo límite. CESE Info conversó con las organizadoras sobre la urgencia de su campaña en el actual clima político, en un momento en que las mujeres están perdiendo cada vez más el control sobre sus derechos reproductivos.

La iniciativa ciudadana europea «Mi voz, mi decisión» aboga por el derecho a abortos seguros y accesibles para todas las mujeres en todos los países de la UE. Puesta en marcha en abril de 2024 y coordinada por la organización eslovena 8th of March Institute, ha conseguido recabar más de un millón de firmas mucho antes del plazo límite. CESE Info conversó con las organizadoras sobre la urgencia de su campaña en el actual clima político, en un momento en el que las mujeres están perdiendo cada vez más el control sobre sus derechos reproductivos.

¿Qué les llevó a poner en marcha la iniciativa «Mi voz, mi decisión» y cuál es su objetivo final?

Hace casi tres años, cuando fue revocada la sentencia del caso Roe contra Wade en los Estados Unidos, empezamos a pensar en una campaña que protegiera el derecho al aborto en Europa. Las mujeres de los Estados Unidos perdieron su derecho constitucional de un día para otro y éramos conscientes de que también era necesario proteger el aborto en Europa. En Polonia hay mujeres que mueren en el hospital debido a la prohibición casi absoluta del aborto. Son las mujeres polacas las que han organizado las mayores protestas por el derecho al aborto en los últimos años. En Malta, las mujeres aún pueden ir a la cárcel si abortan. Este año, Giorgia Meloni ha dado permiso a los grupos antiaborto para protestar en el recinto de las clínicas de interrupción del embarazo y acosar a las mujeres que acuden allí para abortar. Más de veinte millones de mujeres en Europa no tienen acceso a la interrupción voluntaria del embarazo.

Por todas estas razones, emprendimos la campaña «Mi voz, mi decisión». Para elaborar nuestra propuesta, trabajamos con un equipo de abogados internacionales y construimos una sólida red con organizaciones de toda Europa.

Nuestro objetivo es proteger el derecho al aborto a nivel de la UE y mejorar el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo de las mujeres que ahora tienen que desplazarse a otros países debido a la prohibición de practicar abortos en sus Estados miembros (como las mujeres de Malta y Polonia) o a una tasa elevada de objeción de conciencia (como se observa en Italia y Croacia); también el derecho de cualquier persona que en la actualidad no puede permitirse económicamente el aborto (en países como Alemania o Austria).

El clima político actual es precisamente la explicación de por qué nuestra campaña no puede esperar. Hemos de unirnos y demostrar que la mayoría de las personas defiende el derecho al aborto y se opone a las restricciones a la libertad reproductiva. Una gran parte de la ciudadanía europea apoya el derecho al aborto y hemos de mantenernos unidos para defenderlo.

¿Qué medidas concretas piden que adopte la Comisión Europea? ¿Cómo puede conseguirse el resultado que ustedes pretenden, teniendo en cuenta que la salud es competencia de los Estados miembros?

Proponemos que la Comisión Europea establezca un mecanismo financiero que funcione como un mecanismo de inclusión voluntaria para los Estados miembros y cubra el coste de los procedimientos de aborto. Funcionaría de forma similar a los programas de prevención y tratamiento del cáncer.

La idea es que cualquier persona que tenga que viajar a otro país para un aborto —en razón de la existencia de restricciones estrictas o de una elevada tasa de objeción de conciencia en su Estado miembro— no tenga que pagar el procedimiento de su propio bolsillo. En la actualidad, miles de mujeres se desplazan a otros países, donde a veces pagan miles de euros por interrumpir el embarazo, y no todo el mundo puede permitírselo.

Aunque el aborto no sea competencia de la Comisión Europea, sí lo son los programas financieros relacionados con la asistencia sanitaria, que es el argumento que nos ha permitido registrar nuestra ICE. 

¿Por qué optaron por hacerlo a través de una ICE? ¿En qué medida esperan que la Comisión dé una respuesta favorable?

Nuestra organización eslovena, el 8th of March Institute, que coordina la campaña «Mi voz, mi decisión», tiene una amplia experiencia en iniciativas ciudadanas nacionales, recogida de firmas y referendos. A través del mecanismo nacional de iniciativa ciudadana hemos logrado modificar con éxito quince leyes en Eslovenia y ganado dos referendos nacionales. Por ello, queríamos encontrar un instrumento similar de democracia directa a escala de la UE, y de esta manera llegamos a la ICE. Nuestro propósito era lograr un cambio directo que tuviera un impacto duradero en los derechos reproductivos de todas las personas en Europa, y por eso decidimos iniciar la recogida de firmas.

A lo largo de la campaña hemos obtenido el apoyo político de todos los grupos políticos de centro-izquierda del Parlamento Europeo, recibimos el respaldo de destacados políticos nacionales de muchos Estados miembros de la UE y hemos establecido buenas conexiones y relaciones con los comisarios europeos. Esperamos que escuchen al más de 1,2 millones de personas que respaldan nuestra iniciativa. 

¿Cómo consiguieron movilizar a personas de diferentes países de la UE para apoyar su iniciativa y colaborar en la recogida de firmas? ¿Qué canales utilizan para difundir la información?

Durante la campaña construimos una sólida red de más de 300 organizaciones y creamos una hermosa comunidad de voluntariado con más de 2 000 personas de toda Europa. Queríamos estar presentes en las calles de las ciudades y pueblos europeos, con nuestras voluntarias y voluntarios dispuestos a recoger firmas. Logramos establecernos con una fuerte presencia en línea en Instagram, aunque también hemos recurrido a diferentes canales como Facebook, TikTok, YouTube, Bluesky, X y otras plataformas de redes sociales.

Superaron el umbral del millón de firmas necesarias para que prospere una ICE un mes antes de la fecha límite para reunirlas. ¿Qué tipo de observaciones y apoyos, incluido el financiero, han recibido hasta la fecha?

Conseguimos alcanzar el millón de firmas en diciembre, tras una campaña de nueve meses, y cerramos la recogida con 1,2 millones de firmas antes del plazo límite.

Para recabar las firmas contamos con la ayuda de nuestra red y nuestra comunidad, pero también recurrimos a diferentes posibilidades de financiación a lo largo de la campaña para mantenerla activa. La iniciativa «Mi voz, mi decisión» ha ganado también el Premio de la Sociedad de Sociología de Eslovenia y está preseleccionada para el Premio SozialMarie. Obtuvimos asimismo el apoyo de todos los grupos políticos de centro-izquierda del Parlamento Europeo, y el sostén individual de varios diputados al PE, la vicepresidenta del Parlamento Europeo Nicolae Ștefănuță, la senadora francesa Melanie Vogel, la presidenta eslovena Nataša Pirc Musar y el primer ministro de Eslovenia Robert Golob. Muchos activistas y personas de diferentes países de la UE también apoyaron la campaña, por ejemplo Luisa Neubauer, de Alemania, y Alice Coffin, de Francia.

«Mi voz, mi decisión» es una iniciativa que está convirtiéndose en uno de los mayores movimientos feministas de Europa. En ella participan más de 300 organizaciones, innumerables seguidores y voluntarios convencidos de toda la UE que trabajan juntos para garantizar un aborto seguro y accesible en la Unión Europea. 

La ruta hacia el próximo marco financiero plurianual

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Por Tetyana Ogarkova

A principios del pasado mes de marzo emprendí un viaje de dos días a Francia desde Kiev con el corazón en un puño. Asistía a un simposio sobre Ucrania, lo que me impidió acudir a una importante ceremonia en la plaza de la Independencia, en el centro de la ciudad, donde mi amiga, la poetisa Svitlana Povalyaeva, daría un último adiós a su primogénito, Vasyl, asesinado en el frente a la edad de 28 años. Roman, el menor de sus hijos, había perecido luchando en la batalla por liberar la región de Járkiv en el verano de 2022, con tan solo 24 años. 

Por Tetyana Ogarkova

A principios del pasado mes de marzo emprendí un viaje de dos días a Francia desde Kiev con el corazón en un puño. Asistía a un simposio sobre Ucrania, lo que me impidió acudir a una importante ceremonia en la plaza de la Independencia, en el centro de la ciudad, donde mi amiga, la poetisa Svitlana Povalyaeva, daría un último adiós a su primogénito, Vasyl, asesinado en el frente a la edad de 28 años. Roman, el menor de sus hijos, había perecido luchando en la batalla por liberar la región de Járkiv en el verano de 2022, con tan solo 24 años.

Subí al tren con un nudo en el estómago: había dejado en casa a mis tres hijas. No era la primera ocasión que partía al extranjero durante la guerra por un breve lapso, pero esta vez estaba aterrorizada.

Era consciente de que, en caso de peligro inminente por misiles balísticos rusos, el sistema de alerta de mi teléfono podría no emitir una luz roja que advirtiera de tal peligro. Durante unos días estaría a 2 000 kilómetros de casa, sin tener ni idea de si mis hijas estarían a salvo, y me resultaba insoportable.

Tal fallo en el sistema de alerta se debería a que los Estados Unidos habrían interrumpido el suministro de inteligencia a Ucrania, incluso para la detección temprana de misiles balísticos lanzados desde territorio ruso. Ya habían suspendido la ayuda militar, hasta el punto de bloquear en Polonia equipos que ellos mismos habían enviado.

Unos días después, regresé a Ucrania. Entretanto, habían tenido lugar los diálogos entre las delegaciones ucraniana, estadounidense y saudí: Ucrania estaba dispuesta a aceptar un alto el fuego total e inmediato si Rusia también hacía lo propio. Donald Trump manifestó su satisfacción con el resultado, reinstaurando el flujo de datos de inteligencia, junto con el apoyo militar acordado durante el Gobierno de Biden.

No obstante, había hecho trizas toda nuestra confianza: tras la traición, es difícil fingir que no sangra el corazón.

¿No se siente Europa también traicionada? La era del paraguas de seguridad de la OTAN bajo el liderazgo estadounidense ha llegado a su fin. La turba de trumpistas marca distancias: el presidente tiene previsto reducir la presencia de su nación con fines militares y humanitarios en Europa y está sacando a Rusia, al agresor, de su aislamiento diplomático y económico.

Si Trump quiere un alto el fuego en Ucrania lo antes posible y de cualquier manera, es porque no considera que la difícil situación de Ucrania importe demasiado; simplemente aspira a minimizar los costes para el presupuesto nacional. Estados Unidos ya no participa en reuniones como las que se convocan en la base de Ramstein ni prevé prestar ningún otro tipo de asistencia militar durante este año.

Una paz a costa de la derrota de Ucrania no es algo que le quite el sueño al Gobierno estadounidense. En efecto, los enviados Steve Witkoff y Keith Kellogg han propuesto dividir Ucrania en dos o tres partes, a imagen de la Alemania de la posguerra nazi, como si Ucrania fuera el Estado atacante y ya hubiera perdido la guerra.

Ojo, que Europa también está bajo amenaza. El que Trump prevea reducir el número de tropas estadounidenses en Europa y exija a cada Estado miembro de la OTAN que gaste un 5 % del PIB en defensa no es sino una muestra de su convencimiento de que la defensa de Europa es problema de Europa.

Mientras, Putin no pierde detalle. Para Rusia, una OTAN desprovista de la batuta estadounidense no constituye ni una fuerza defensiva ni disuasoria. ¿Cuánto tiempo llevaría constituir una «Europa de la defensa» capaz de garantizar por sí sola su propia seguridad? Si esa pregunta les resulta demasiado abstracta, intenten responder a esta otra: ¿quién, entre todos los europeos, acudiría a defender a los Estados bálticos en caso de que Rusia los ataque una vez complete sus operaciones de formación en Bielorrusia, en septiembre de 2025?

Tras la traición de Estados Unidos, las opciones que le quedan a la UE están muy claras: defender hoy a Ucrania con el mismo ahínco con que se defendería a sí misma o afrontar mañana en su propio territorio al ejército ruso. Nos espera una ardua lucha, pero ninguna batalla debe darse por perdida antes de librarla.

No he podido pasar por alto una encuesta de finales de marzo en la que se recabó la opinión pública ucraniana: más del 80 % de los entrevistados se mostraron dispuestos a continuar la lucha contra Rusia, incluso sin el apoyo de los Estados Unidos.

Está por ver cuántos europeos lucharán a nuestro lado.

Tras la traición de Estados Unidos, ha quedado meridianamente claro que Europa va a tener que elegir entre defender hoy a Ucrania con el mismo ahínco con que se defendería a sí misma o afrontar mañana en su propio territorio al ejército ruso. Será una ardua lucha, pero ninguna batalla debe darse por perdida antes de librarla. Queda por ver cuántos europeos lucharán a nuestro lado, afirma nuestra invitada sorpresa, la periodista ucraniana Tetyana Ogarkova.

Tras la traición de Estados Unidos, ha quedado meridianamente claro que Europa va a tener que elegir entre defender hoy a Ucrania con el mismo ahínco con que se defendería a sí misma o afrontar mañana en su propio territorio al ejército ruso. Será una ardua lucha, pero ninguna batalla debe darse por perdida antes de librarla. Queda por ver cuántos europeos lucharán a nuestro lado, afirma nuestra invitada sorpresa, la periodista ucraniana Tetyana Ogarkova.

Tetyana Ogarkova es una periodista ucraniana, ensayista y especialista en literatura, que reside en Kiev. Es coordinadora del departamento internacional del Ukraine Crisis Media Center y copresentadora del podcast Explaining Ukraine. También es profesora ayudante de la Universidad Mohyla de Kiev y doctora en Letras por la Université Paris-XII Val-de-Marne. 

Inversiones y reformas para impulsar la competitividad europea y crear una unión de los mercados de capitales

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Medidas en pos de una economía europea resiliente, cohesionada e inclusiva

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Las propuestas de reforma e inversión formuladas en el marco del ciclo del Semestre Europeo 2024-2025

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