Energía – La producción y el autoconsumo de energía son esenciales para luchar contra el cambio climático y la pobreza energética

Coulon

El Comité Económico y Social Europeo (CESE) contribuye al debate estratégico sobre las infraestructuras energéticas con una posición clara y sin ambages: los debates deben girar en torno a la ciudadanía si queremos realmente que actúe de palanca en aras de la transición ecológica y energética y para garantizar un equilibrio económico y social.

La autogeneración y el autoconsumo de energía deben ir de la mano. Producir y consumir energía de producción propia puede ayudar a proteger el medio ambiente y luchar contra el cambio climático y, al mismo tiempo, hacer frente a la lacra de la pobreza energética, que afecta a más de ochenta millones de europeos.

A partir de estas ideas clave, Pierre Jean Coulon elaboró el Dictamen de iniciativa del CESE aprobado en el pleno de octubre que presenta propuestas innovadoras.

Tanto el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC) como la Agencia Internacional de la Energía (AIE) abogan periódicamente por desplegar de forma masiva todas las tecnologías hipocarbónicas disponibles, en especial las energías renovables.

El Sexto Informe del GIECC indica una vez más que el cambio climático se está acelerando e intensificando. No pasa un mes, ni siquiera una semana, sin que lo constatemos. Dada la urgente necesidad de actuar, la AIE recomienda el despliegue masivo de todas las tecnologías energéticas limpias disponibles, incluidas las energías renovables.

Energía limpia con una dimensión local

A diferencia de los combustibles fósiles o la energía nuclear, estas tecnologías tienen una dimensión intrínsecamente local, ya que están vinculadas a su ubicación geográfica y pueden instalarse cerca de los lugares de consumo. Por lo tanto, su desarrollo está haciendo resurgir el autoconsumo eléctrico, es decir, el consumo directo de la energía producida localmente.

Esta energía consiste principalmente en energía solar fotovoltaica y eólica, pero también en energía hidroeléctrica generada a pequeña escala, mientras que pronto podría disponerse de una variación local del futuro hidrógeno verde.

De hecho, desde hace algunos años en Europa las normativas vigentes —sobre todo las nacionales, en particular en algunos Estados miembros— apoyan el desarrollo del autoconsumo, ya sea de forma individual mediante paneles fotovoltaicos instalados en los tejados de los edificios, o colectiva, como los parques fotovoltaicos o eólicos instalados por comunidades energéticas, agrupaciones locales, cooperativas, etc.

Producir, distribuir y consumir esta energía limpia y cada vez más barata tiene un impacto potencial tanto en la accesibilidad como en los precios. Se trata de una herramienta útil para luchar tanto contra la pobreza energética como contra el cambio climático.

La ciudadanía, dueña de su propio entorno energético

En este contexto, el Comité pide que la ciudadanía en su conjunto constituya el eje de estas tendencias y que tanto las autoridades públicas como los entes locales y regionales incentiven a los promotores de los proyectos.

La UE debería fomentar la puesta en común y el «ajuste» de los precios como factor de solidaridad. Este enfoque permitiría aportar soluciones prácticas ante la pobreza energética que afrontan muchos hogares principalmente como consecuencia de los elevados precios. Lo mismo ocurre con las iniciativas sin ánimo de lucro.

Para favorecer una gestión lo más eficaz posible de estos procesos, las autoridades deben instalar contadores inteligentes en toda la Unión Europea, algo que debe hacerse sin presiones ni imposiciones, sino haciendo hincapié en la educación y la información.

De este modo, los consumidores se sienten capacitados para asumir plenamente la responsabilidad del uso óptimo de sus datos y la ciudadanía puede convertirse en un verdadero agente de su propio entorno energético, afirmó Pierre Jean Coulon.