Cerrar la brecha digital de género incrementaría el PIB de Europa en 16 millones de euros.

La brecha digital de género es consecuencia de la discriminación contra las mujeres, que empieza ya en la primera infancia. El CESE propone un enfoque multinivel y políticas integrales que ofrezcan respuesta a diferentes causas de desigualdad.

«El primer ámbito político en el que se debe actuar es el sistema educativo. Necesitamos combatir los estereotipos culturales y lingüísticos, y todos podemos contribuir, en particular en lo que respecta a este último elemento», afirma Giulia Barbucci. «Las niñas (y los niños) necesitan otros modelos con los que identificarse. En el siglo XXI es hora de afrontar de una vez los estereotipos de género y combatirlos de raíz, tanto en sus aspectos sociales como culturales.

Resulta esencial garantizar las competencias y la educación digitales para todos, por lo que es importante que profesores y formadores estén familiarizados con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación.

Es preciso aumentar el interés de las niñas y mujeres por la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (CTIM), por ejemplo trayendo al frente modelos digitales femeninos y a empresarias de éxito, y dando a conocer las posibilidades y oportunidades que brinda un mayor conocimiento de las asignaturas CTIM para tener éxito en la vida profesional. Ello resulta tanto más necesario vista la importancia creciente de la educación relacionada con las TIC y de las capacidades intersectoriales, empresariales, digitales y genéricas, como la empatía, la creatividad y la resolución de problemas complejos, aptitudes estas que se atribuyen principalmente a las mujeres.

El aprendizaje permanente es esencial para evitar la exclusión del mercado de trabajo, en particular para las mujeres. En este sentido, el papel de los interlocutores sociales es fundamental. «En general, los interlocutores sociales tienen que desempeñar un papel clave a fin de garantizar unas condiciones de trabajo justas y el acceso a la protección social. Esto se aplica también a la denominada “economía de los trabajos ocasionales”», señala Barbucci. (sma)