Aunque en su origen estaba asociada a las criptodivisas, la tecnología de cadena de bloques y de registros distribuidos es, de hecho, muy versátil y puede resultar de utilidad para la economía social. Sin embargo, es importante regularla adecuadamente y orientarla de tal modo que todos se beneficien y cualquier interesado pueda participar: así lo afirma el CESE en un informe publicado durante su pleno de julio.

El CESE ha elaborado una larga lista de posibles aplicaciones de la cadena de bloques y los registros distribuidos que podrían ser de gran interés para las empresas de la economía social. Entre estas medidas se cuentan rastrear las donaciones y recaudaciones de fondos, mejorar la gobernanza de las organizaciones de la economía social, autentificar actividades, certificar las competencias, hacer más claros y seguros los derechos de propiedad intelectual y los derechos de autor, proporcionar sistemas seguros de telemedicina y teleasistencia y hacer los productos agrícolas plenamente trazables e identificables.

No obstante, el CESE advierte que el enorme potencial de las nuevas tecnologías digitales, aparejado a la considerable inversión necesaria, también expone a la tecnología de la cadena de bloques al riesgo de concentración de los datos y las redes tecnológicas y puede convertirla en objeto de un acaparamiento especulativo.

Es importante que existan medidas públicas destinadas a apoyar el desarrollo participativo y accesible de estas tecnologías y que la sociedad civil se involucre.

Tiene sentido que la UE imponga normas, ya que esta tecnología utiliza cadenas que pueden crearse independientemente de las fronteras nacionales. Las grandes inversiones necesarias requieren una acción europea coordinada y estructurada.

Aquí puede leer el Dictamen del CESE: La tecnología de cadena de bloques y de registros distribuidos: una infraestructura ideal para la economía social(dm)