Tellervo Kylä-Harakka-Ruonala: de la Guerra de Invierno a la poesía

Era el 80.º aniversario del fin de la Guerra de Invierno entre la Unión Soviética y Finlandia. Los actos conmemorativos nacionales tuvieron que cancelarse debido al coronavirus, pero las campanas repicaron a las once de la mañana en todas las iglesias luteranas, ortodoxas y católicas del país. Salí para escuchar las campanadas y vi las calles casi desiertas de Helsinki.

 

La Guerra de Invierno duró 105 días, igual que mi autoaislamiento, que empezó el día del aniversario de la guerra. Aunque me gusta estar sola, el aislamiento fue a veces difícil. Pero me hice la siguiente pregunta: si mi familia consiguió salir adelante a pesar de lo terrible que fue la guerra, si mi padre pudo luchar en el frente a treinta grados bajo cero y si mi madre pudo arreglárselas sola en casa con un bebé recién nacido, ¿tengo realmente de qué quejarme?

 

Además, tuve la suerte de poder salir cuando me apetecía. Y aproveché la oportunidad para recorrer cientos de kilómetros a pie, principalmente a lo largo de la costa.

 

La organización de la que formo parte siguió muy de cerca la situación de las empresas y presentó propuestas al Gobierno para salvar empresas y puestos de trabajo. Las perspectivas a corto plazo eran muy sombrías y el futuro no estaba nada claro. Pero cuando los empresarios comenzaron a planificar las medidas necesarias para contribuir a una salida responsable de la crisis, empezamos a recuperar la esperanza.

 

Junto con otros colegas, preparé las propuestas del Grupo de Empresarios del CESE para hacer frente a la crisis del coronavirus: cómo ayudar a las empresas europeas a sobrevivir y conservar el empleo, y cómo impulsar la recuperación económica de la UE. Gracias a las herramientas digitales, mi trabajo en el CESE prosiguió casi como de costumbre a pesar de las circunstancias excepcionales. Fue agradable ver como mi biblioteca se convertía rápidamente en uno de los puntos de encuentro de mis colegas de toda la UE.

 

El confinamiento también me aportó algo nuevo a nivel personal. Tuve el honor de convertirme en una fuente de inspiración lejana y de recibir poemas, a cuál más delicioso. Me gustaría compartir uno de ellos con ustedes para ilustrar el aliento y el apoyo que espero que podamos ofrecernos los unos a los otros:

 

No te doy un día de semana, te regalo un domingo.

No te doy tareas diarias que requieren un gran esfuerzo.

Te regalo un domingo, con su inmenso cielo que pasa por encima de la vida cotidiana.

(Traducción libre del finés al español)