Evangelia Kekeleki: Hay que garantizar que todos los Estados miembros puedan acceder por igual a las terapias con vacunas y a las pruebas de diagnóstico;

No me ha resultado especialmente difícil quedarme en casa, ya que tenía muchas cosas que había ido dejando pendientes desde hacía años. Ahora he tenido la ocasión de ocuparme de ellas y, gracias a eso, he podido terminarlas. Por ejemplo, he ordenado las fotografías y los recuerdos familiares que había recogido de casa de mis padres, un batiburrillo que estaba esperando. Ponerlo en orden ha despertado en mí emociones muy intensas. Además, me he dedicado a otras actividades que ya añoraba, como las manualidades, la repostería, la cocina, preparar confituras, mermeladas y licores..., cosas que normalmente no tengo tiempo de hacer cuando estoy inmersa en el frenético ritmo de la vida diaria.

Por otra parte, hemos echado muchísimo de menos a nuestros hijos, porque no viven con nosotros. Mi hijo pequeño pasaba por debajo del balcón para que pudiéramos vernos a distancia, y eso me producía una gran sensación de ausencia difícil de sobrellevar. Con mi otro hijo, que reside en Inglaterra, nos comunicábamos por vía electrónica. Sin embargo, incluso por ordenador, nos invadía la necesidad de comunicarnos con más frecuencia que antes.

Tengo la sensación de que, poco a poco, hemos vuelto a recuperar valores que habíamos olvidado: ser solidarios, saludar a las personas que viven a nuestro lado y a las que habíamos dejado de saludar, sonreír desde el balcón a alguien que pasa por la calle. Con la pandemia han rebrotado sentimientos que
prácticamente habíamos olvidado. Se nos había olvidado la gratitud. Dábamos por hecho que la salud estaba garantizada. No podíamos imaginar que en 2020 un virus nos causaría tanto daño, que nos privaría de nuestros seres más queridos, o que un país vecino registraría una mortalidad tan alta, una pérdida tan grande de vidas humanas. Todo esto hace que te replantees las cosas de otra manera y que revises los valores por los que se rige tu vida.

La pandemia ha servido también para que nos demos cuenta de la importancia fundamental que reviste la ciencia en nuestra vida. Es necesario entablar un debate para ver qué países se han visto más afectados y por qué, y analizar el papel que han desempeñado el populismo y las teorías conspiratorias, por no hablar del movimiento antivacunas, en estos países. La aceptación y la confianza de los políticos y de los ciudadanos en la ciencia han ayudado a algunos países, Grecia entre ellos, a protegerse. Asimismo, creo que hay que abrir un debate sobre el papel de la Iglesia, los medios de comunicación y las figuras públicas durante la pandemia.

Es muy importante que en todos los países se haya puesto de relieve el valor de los sistemas nacionales de salud, ya que en estos últimos tiempos, marcados por la globalización y la tendencia de las sociedades a buscar maneras de generar beneficios, nos hemos vuelto conscientes de que algunos servicios no pueden guiarse por una lógica de lucro. Habíamos dejado de lado la sanidad pública y ahora volvemos a entender cuál debería ser su funcionamiento, pero siempre, no solo en caso de pandemia.
Tenemos que expresar una inmensa gratitud a quienes han estado en primera línea pese a las dificultades que experimentan los servicios de salud pública.

Quisiera dedicar ahora unas palabras a los consumidores. Por desgracia, debido a la pandemia, en muchos Estados miembros se ha deteriorado la protección de los consumidores, especialmente de los pasajeros y viajeros. Aunque el comisario europeo competente formuló una recomendación a los Estados miembros para que no suspendieran la legislación destinada a la protección de los consumidores en materia de servicios aéreos y viajes combinados, así como de transporte, son muchos los Estados miembros que, lamentablemente, se acogieron a dicha suspensión. Como consecuencia, en lugar de poder recuperar el dinero por la anulación de un billete, se nos ofrecen bonos (válidos entre doce y dieciocho meses) que ni siquiera están garantizados en caso de que quiebre la empresa con la que viajábamos. Solo si no los usamos en ese lapso de tiempo podremos recuperar nuestro dinero. Se trata de un préstamo sin intereses a las agencias de viajes a costa del bolsillo de los consumidores, que también nos hemos visto afectados por esta pandemia. Sé de personas que no necesitan el bono, ya que seguramente no estarán en situación de canjearlo en los próximos doce a dieciocho meses (por ejemplo, los viajes escolares de los alumnos que finalizan la escuela secundaria este año). Es decir, los padres de estos chicos estarán concediendo durante doce o dieciocho meses un préstamo sin intereses a todo aquel que haya participado en la organización de estos viajes. Es inaceptable que los derechos de los consumidores se vean conculcados de esta manera.

Además, dado que vivimos en una era digital y que todos trabajamos mucho más desde casa, el fraude a través de internet se ha multiplicado y se ha generalizado enormemente la difusión de noticias falsas, incluidas las teorías conspiratorias.

Por otro lado, tenemos que garantizar que los teletrabajadores sigan disfrutando de sus derechos adquiridos cuando están trabajando a distancia: una de las cuestiones que se deberán examinar es cómo calcular el rendimiento de un teletrabajador y cómo llevar a cabo la evaluación de su trabajo. En cualquier caso, es preciso examinar cuáles deben ser las condiciones laborales en situación de teletrabajo.

Otro criterio muy importante que el CESE ha empezado a utilizar y al que el presidente del CESE, Luca Jahier, ya ha expresado su apoyo en Twitter, es la propuesta del primer ministro griego de llevar a cabo una contratación pública conjunta de los Estados miembros para adquirir vacunas, tratamientos terapéuticos, medicamentos y pruebas de diagnóstico del coronavirus, de manera que ningún Estado miembro se quede sin estos suministros tan importantes para la vida de las personas.

Es una iniciativa que debemos adoptar juntos como CESE, en forma de un dictamen de iniciativa, para tratar de garantizar que todos los Estados miembros puedan acceder por igual a las vacunas, los tratamientos terapéuticos y las pruebas de diagnóstico. He de decir que me produjo un gran placer poder presentar esta propuesta a nuestro presidente, Luca Jahier, y a la Asociación Europea de Asociaciones de Consumidores, y obtener el respaldo de ambos.