por el Grupo Diversidad Europa del CESE

Comer ajo, beber agua caliente, evitar los helados... Puede que se haya encontrado en internet con alguno de estos remedios como «consejos» para evitar contagiarse de COVID-19. Recientemente hablé con una amiga —no mencionaré su nombre— que me confesó lo frustrante que le resultaba no encontrar informaciones fidedignas sobre el virus.

Confiar en los medios de comunicación: esa es la gran preocupación. El otro día pasé una hora y diez minutos al teléfono hablando con un agricultor, miembro de mi organización, LTO: me empleé a fondo para contrarrestar todas las teorías de la conspiración en las que cree. Esto fue a principios de marzo.

Lo que le dije fue que mucha de la información que circula por ahí es material mal editado, pensado para aumentar el número de lecturas o visualizaciones —algo crucial para el currículo de un escritor— y esta información luego se difunde a través de las redes sociales gracias a personas que buscan corroborar sus prejuicios. Pero, evidentemente, la realidad en torno al virus es mucho más complicada. Luego están también las falsedades profundas.

Da pena ver que incluso el presidente Trump está propagando la desinformación a la vez que acusa a los «medios de comunicación falsos» y a sus oponentes políticos. Al principio de la pandemia dijo que el virus era un bulo, lo que no era una afirmación meramente «engañosa» sino una mentira descarada. Cuando el 12 de marzo se le preguntó si aceptaba la responsabilidad por los problemas surgidos con las pruebas, afirmó: «No asumo ninguna responsabilidad». Estas palabras lo perseguirán hasta el final de su mandato.

Si algo hemos de aprender de esta crisis, ha de ser la necesidad de disponer de información fidedigna procedente de medios de comunicación en los que podamos confiar. Afortunadamente, todavía hay muchos medios fiables, aunque se hayan visto afectados por recortes presupuestarios. Los ciudadanos quieren información fiable e independiente y sí, saben dónde encontrarla. Esperemos que mi amigo agricultor también lo sepa a estas alturas.

Para un periodista imparcial el reto sigue siendo saber cuándo transmitir la información mejor y más fiable, y cuándo evitar caer en la propaganda gubernamental. Estoy seguro de que muchos de ellos se ven confrontados constantemente a este dilema. Pero cuando algunas personas dicen que ya no confían en los medios de comunicación y que no saben dónde acudir para obtener información verídica sobre la COVID-19, es que no deben estar buscando demasiado.

Por cierto, mi amigo agricultor me agradeció que estuviera con él tanto tiempo al teléfono. Tal como me dijo, no es una cosa que le suceda todos los días. 

Klaas Johan Osinga, miembro del CESE