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La transición energética es una magnífica oportunidad para situar a las personas en el centro del proceso de toma de decisiones de la UE

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La contribución de la sociedad civil a la iniciativa europea de la Unión de la Energía por Luca Jahier, presidente del Comité Económico y Social Europeo

La transición energética brinda una magnífica oportunidad para que las ciudades y regiones elaboren políticas nuevas, innovadoras y eficaces a nivel regional y para que la UE vaya por el buen camino y logre un desarrollo económico y social sostenible más rápido. La sociedad civil europea puede contribuir enormemente a transformar la mentalidad de la gente y ayudarle a que acepte los cambios de buena gana.

En mi calidad de presidente del Comité Económico y Social Europeo (CESE), tuve ocasión de presentar este mensaje en el último pleno del CESE, celebrado los días 11 y 12 de julio. Participé en un sincero intercambio de puntos de vista sobre el suministro de energía descentralizado, el desarrollo económico regional y el transporte sostenible con Maroš Šefčovič, vicepresidente de la Comisión Europea responsable de la Unión de la Energía.

Los ciudadanos europeos son clave en el diálogo sobre la energía. Es fundamental que el CESE —el hogar de la sociedad civil europea— participe en la iniciativa de la Unión de la Energía para que las personas puedan aportar su contribución inestimable al diseño de la política energética y la política de transportes europeas del futuro. La Unión de la Energía va más allá de la energía, de las nuevas tecnologías y de la elaboración de políticas europeas o nacionales. Abarca la transformación de la sociedad y las economías de Europa que, a su vez, incide de manera directa, tanto positiva como negativamente, en la vida cotidiana de los europeos.

Por esta razón, el CESE lleva años abogando en favor de un diálogo sobre la energía y de formas innovadoras y coherentes de democracia participativa para elaborar políticas europeas en materia de energía. Al aunar los conocimientos técnicos de la sociedad civil organizada de toda Europa, el CESE intenta asegurarse de que nadie se quede rezagado en la modernización de la economía europea, ni por lo que respecta al medio ambiente, al empleo o a las oportunidades de crear valor económico, ni tampoco como consumidores.

Me tranquiliza comprobar que Maroš Šefčovič comparte esta opinión. Durante el debate que mantuvimos, destacó la importancia de enlazar las iniciativas de la UE en materia energética con la política y el desarrollo regionales, a la vez que se refuerza la cooperación entre los órganos de la UE y la sociedad civil.

Hizo hincapié en la importancia de la labor que las regiones y ciudades de la UE pueden desarrollar en la iniciativa de la Unión de la Energía como fuente rica en soluciones innovadoras. Afirmó que «la Unión de la Energía no puede construirse aquí, en Bruselas, sino en nuestros pueblos y ciudades».

No puedo estar más de acuerdo con él. Es allí donde los planes y los compromisos políticos se transforman en acciones tangibles. Los cambios en el suministro de energía tienen que resultar del esfuerzo colectivo, un esfuerzo al que todos nosotros —desde los agricultores franceses y las cooperativas de energía renovable belgas a los alcaldes polacos y los servicios públicos alemanes— contribuimos con soluciones creativas y participando plenamente como «prosumidores», es decir, consumidores que también producen energía.

Deberán desarrollarse una serie de iniciativas a nivel local: desde instalar puntos de recarga para los vehículos urbanos eléctricos hasta construir edificios inteligentes, pasando por la producción descentralizada de energías renovables y las cooperativas energéticas. Todo esto, a su vez, contribuirá a generar crecimiento y empleo local.

Maroš Šefčovič estuvo muy acertado al afirmar que la prioridad número uno de la Unión de la Energía es la seguridad del suministro: «Cuando nos hayamos asegurado de que Europa cuenta con la energía suficiente, deberemos cumplir con las obligaciones en materia de cambio climático. Y cuando nuestra energía sea más ecológica, tendremos que hacer lo posible por que nuestras empresas la utilicen y nuestra industria siga siendo competitiva en Europa, promoviendo ideas innovadoras.»

La idea en la que se basa la Unión de la Energía es que hay que considerar la energía como parte de la economía y no como algo aislado. Por eso, la Comisión ha adoptado un enfoque que aúna por primera vez la energía y el cambio climático. Abarca todos los ámbitos políticos conexos, aunque uno de ellos —los transportes— ocupa un lugar cada vez más importante, especialmente desde hace unos años.

Nunca antes había sido tan acuciante reservar un lugar privilegiado a la sostenibilidad en todos los ámbitos políticos. Como es bien sabido, el sector de los transportes emite prácticamente una cuarta parte de los gases de efecto invernadero y, en comparación con otros sectores, esta proporción va en aumento.

La contribución de la sociedad civil en este asunto es fundamental. Por ello, señalé los logros prácticos de nuestra institución en varios frentes. Mencioné el cierre de minas de carbón que hay en marcha en toda la UE, el tema de la justicia social para los hogares afectados por la pobreza energética y la necesidad de modernizar el transporte, reconociendo el valor añadido del CESE en cada una de las medidas aprobadas por la Comisión:

  • Fue idea del CESE poner en marcha la plataforma para las cuencas mineras en transición, que la Comisión crearía luego para proporcionar apoyo y asistencia técnica a antiguas cuencas mineras.
  • El Observatorio de la Pobreza Energética se creó para hacer un seguimiento y abordar las causas profundas de la pobreza energética, que afecta a unos cincuenta millones de europeos. De nuevo fue el CESE quien, en 2013, propuso que se creara este órgano. Dentro de poco, pasará a ser uno de los miembros del consorcio que respalda su labor.
  • El tercer conjunto de medidas sobre la movilidad, compuesto por una amplia serie de propuestas, se estructura en torno a tres pilares: la sostenibilidad, la seguridad y la movilidad inteligente. El CESE también lleva años dando su opinión de manera periódica sobre estos conjuntos de medidas en materia de movilidad, siguiendo de cerca los avances y contribuyendo activamente a elaborar nuevas políticas, emitiendo dictámenes tanto de iniciativa como en respuesta a las consultas de otras instituciones.

El CESE suele trabajar en estos temas y, concretamente en el último pleno, tomó posición aprobando dos dictámenes significativos y muy importantes. El primero, elaborado por Lutz Ribbe, señala que la transición energética puede beneficiar a la economía de las regiones europeas y destaca que es necesario interconectar las políticas energética y de cohesión de manera más sistemática. (Dictamen TEN/660 sobre los efectos de una nueva estructura de abastecimiento de energía sin emisiones de carbono, descentralizada y digitalizada en el empleo y en las economías regionales.)

El segundo, elaborado por Tellervo Kylä-Harakka-Ruonala, trata la función del transporte y, al revisar los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, llega a la conclusión de que necesitamos un nuevo enfoque más integrado al respecto, uno que tenga en cuenta los aspectos económicos, sociales y medioambientales y que esté orientado a alcanzar esos mismos objetivos de desarrollo sostenible. (Dictamen TEN/661 sobre el papel del transporte en la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible y sus consiguientes repercusiones en la formulación de las políticas de la UE)

Esto es solo una muestra de nuestro trabajo más reciente. Sin embargo, me gustaría destacar el informe anual sobre el estado de la Unión de la Energía, pues el CESE es —de nuevo— la única institución de la UE que presenta una evaluación, desde la perspectiva de la diversa sociedad civil europea, en respuesta a los informes de situación anuales de la Comisión.

En conclusión, el compromiso ante el nivel regional y el enfoque transversal en materia de energía desde la perspectiva económica, social y medioambiental en las últimas propuestas de la Comisión son extremadamente valiosos, pero no bastan. Las medidas legislativas deben contar con la cooperación de las partes interesadas de todos los sectores y países. No hay duda de que Maroš Šefčovič tiene razón: el objetivo de la Comisión Europea es garantizar que ninguna región ni ningún ciudadano se quede rezagado.

Precisamente por eso necesitamos tomar medidas, porque creo que podemos transformar los retos en historias de éxito. Pero hay que actuar rápidamente. La Unión de la Energía encierra un enorme potencial para la innovación a nivel local y brinda una oportunidad excepcional para que la gente demuestre su iniciativa desde la base. Tenemos la ocasión de marcar la diferencia y de demostrar que la participación del CESE —el hogar de la sociedad civil europea— es oportuna y eficaz. Por eso es justamente en el CESE donde debatimos estas cuestiones, cada día y con todas las partes interesadas del espectro socioeconómico, y concebimos soluciones innovadoras que presentamos ante las instituciones de la UE.

Así es como podemos aportar valor añadido al desarrollo sostenible, que constituye la esencia del programa de mi presidencia para una «rEUnaissance».

Asegurémonos de que los europeos están en el corazón del proceso de toma de decisiones en las políticas de energía y transporte de la UE. Situemos a la sociedad civil, el motor del cambio, en el corazón de la iniciativa de la Unión de la Energía.

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