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Fiscalidad

La finalidad original de la fiscalidad consiste en generar ingresos para los gobiernos, pero también afecta a otros ámbitos políticos fundamentales, como la competitividad, el empleo y la inversión.

Los impuestos se recaudan de las personas físicas y de las empresas y se imponen sobre los ingresos, el consumo, la riqueza, la propiedad o determinadas actividades económicas. El incumplimiento constituye un hecho punible.

La fiscalidad es una herramienta valiosa para las autoridades públicas, puesto que puede utilizarse para influenciar el comportamiento de los agentes económicos. Por ello, los Estados miembros defienden sus derechos en este ámbito, lo que dificulta la armonización a nivel de la Unión Europea. Es preciso recordar que cualquier legislación europea en materia de fiscalidad requiere unanimidad en el Consejo.

El amplio impacto de la fiscalidad también implica que, de vez en cuando, los Estados miembros retienen ciertas medidas fiscales por cuestiones de competitividad, incluso si se consideran generalmente perjudiciales para el conjunto de la Unión Europea.

Posición del CESE sobre la fiscalidad 

El CESE sostiene que los Estados miembros subestiman el grado de armonización fiscal necesario para que la Unión Económica y Monetaria funcione eficazmente y para que se alcancen mayores progresos. El CESE está a favor de una mayor armonización y uniformidad al eliminar obstáculos fiscales al comercio transfronterizo en el mercado interior. Es necesaria una mayor cooperación entre los Estados miembros para contener el fraude fiscal y la evasión fiscal, lo que incluye también la planificación fiscal agresiva. En lo que respecta a la fiscalidad indirecta, el CESE apoya la creación de un sólido espacio único europeo del IVA.